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CAMINANTE NO HAY CAMINO, SE HACE CAMINO AL ANDAR

DIARIO DE A PIE DEL CLAUSTRO DEL IES VÁZQUEZ DÍAZ

¡Hola! Somos un grupo de profes del Claustro del IES Vázquez Díaz. Este Blog surge ante la necesidad de luchar contra el sedentarismo en tiempos de COVID-19, recogiendo los pasos diarios que conseguíamos. Nuestra primera misión fue conseguir realizar entre todos y todas el Camino de Santiago desde Nerva, como nos supo a poco, hicimos la vuelta por Portugal. Ahora nos embarcamos en la aventura de conocer un poco más nuestro entorno, recorriendo pueblos y lugares de la zona.

Aracena, Huelva

​Día 1: 

Nos preparamos para salir desde Aracena, y nos preguntamos por qué se les llama “cebolleras y cebolleros” a quienes aquí nacieron y residen. Una teoría se relaciona con la agricultura, claro; pero hay otra que cree que es por las diversas clases sociales que tradicionalmente se han superpuesto en el pueblo. Y yo me pregunto, ¿cuáles serán las capas más importantes, las interiores o las exteriores? El uso de la cebolla como símbolo de la verdad escondida bajo muchas capas viene de antiguo (Juan Ruiz lo aprovecha en el Libro de Buen Amor). Por lo pronto nos quedaremos con ese refrán popular que reza:“A lágrimas de cebollay caricias de jumento,mucho tiento”Mientras partimos podríamos hacer cien cosas, pero nos metemos en la Gruta de las Maravillas y recordamos las palabras de Óscar Wilde (“La naturaleza imita al arte”), sobre todo cuando vemos estalactitas y estalagmitas con figura fálica o -añadimos un neologismo gracioso-  carajiformes.Salimos alucinados y tomamos unos deliciosos pasteles en la eterna Confitería Rufino. Los nombres de algunos de estos pasteles tienen su historia y curiosidades (pregunten, pregunten). Me llaman la atención el “Bibaporú” (imaginen su composición) y el “Vitoria”. Buenísimos. Habrá que quemarlos andando, que es lo nuestro. Partimos hacia Alájar, a unos 15 kilómetros de Aracena.

Linares de la Sierra, Huelva

​Día 2:

Tras andar durante unos 8 kilómetros, hemos llegado desde Aracena a Linares de la Sierra. Ésta se independizó de aquélla en 1754, y tomó su nombre del rico lino que se cultivó en sus tierras.  Pasear por el Valle de los Silos es uno de los privilegios más puros y hermosos que un caminante puede gozar.
Linares, por sus condiciones orográficas, tiene menos horas de luz que sus vecinos pueblos: al estar en el fondo de un profundo valle. Castañas, chacina y miel son compras de primera calidad en este pueblo. Aún se sigue manteniendo la tradición de las copas de cisco, ya que el carbón ha sido una de los oficios tradicionales: las reatas de burros camineros lo llevaban antiguamente hacia la efervescente Cuenca Minera del Río Tinto. Admira también que, en tan agreste terreno, sus habitantes logren sacar adelante sus pequeños huertos, y obtengan beneficio agrícola, al menos para uso personal. Y es que, como dice el refrán, “una huerta es un tesoro si el hortelano es un moro”, y aquí, como en el resto de la sierra, tienen mucho de ese gen. Quizás las zonas mineras tengan predominantemente un gen más romano.
Preciosa su plaza de toros, aunque esté reformada. Su iglesia de san Juan el Bautista se edificó en el siglo XVIII, y se reformó en el siglo XX. Sus calles empedradas con sus curiosos mosaicos en las puertas, elementos que permiten confirmar que en estos pueblos se mantiene una de las costumbres más sanas y auténticas: sentarse a la fresca cuando el calor aprieta. Los mosaicos encierran todo tipo de detalles: florales, geométricos, con promesas, con mensajes amorosos, con leyendas y duendes… En la plaza del ayuntamiento también flipamos con el lavadero antiguo, junto a la Fuente Nueva. 
Los garajes de Linares se convierten durante el día de Reyes en estaciones bíblicas que representan las escenas de la adoración. Eres tú quien camina para contemplar  dichas escenas. El pueblo se multiplica por 10, pero merece la pena la escapadita navideña para disfrutar de este museo hecho con tanto cariño.
En “El balcón de Linares” hacemos parada para comer en cantidad y en calidad propicias tras nuestras caminatas virtuales. Buena comida y amabilidad nos repone de lo andado y nos prepara para lo por andar.

Alájar, Huelva

Día 3:

Y tras unos 7 kilómetros,  llegamos a Alájar –“la piedra donde orar”, si unimos sus dos etimologías-. Y subimos a la Peña de Arias Montano o Peña de los Ángeles. Y el cansancio llega, pero vale la pena la subida. Porque Alájar todo es una verdadera alhaja. 
El santuario en la Peña se construyó aquí porque este lugar mágico albergó cultos precristianos que han tenido continuidad, y porque es un lugar misterioso desde tiempos inmemoriales. Una de las leyendas ubica aquí una cueva central con un poder de irradiación espiritual tal que ha atraído no solo a creyentes cristianos, sino a quienes buscan la mística en el equilibrio universal de la naturaleza. 
Naturaleza y misticismo se multiplican si se acceden a las múltiples cuevas que rodean esta montaña, balcón paisajístico de la Sierra, desde donde se ve a veces el mar y abajo la forma de lagarto del pueblo. Muchas de ellas muestran misteriosas formas naturales,  simbólicas e indescifrables, como las escaleras talladas en la piedra, la sillita del rey, la barca de piedra en la puerta de la caverna…
D. Benito Arias Montano (1527-1598), personaje sabio y poderoso en su época, se retiró a este lugar para estudiar y meditar. No hay mejor sitio para ello, para llevar a cabo las recomendaciones de un poeta que nació el mismo año que don Benito: fray Luis de León y su “Oda a la vida retirada”.
ODA I . VIDA RETIRADA

¡Qué descansada vida
la del que huye del mundanal ruïdo,
y sigue la escondida
senda, por donde han ido
los pocos sabios que en el mundo han sido; (…)
Un no rompido sueño,
un día puro, alegre, libre quiero;
no quiero ver el ceño
vanamente severo
de a quien la sangre ensalza o el dinero.
Despiértenme las aves
con su cantar sabroso no aprendido;
no los cuidados graves
de que es siempre seguido
el que al ajeno arbitrio está atenido.
Vivir quiero conmigo,
gozar quiero del bien que debo al cielo,
a solas, sin testigo,
libre de amor, de celo,
de odio, de esperanzas, de recelo.

Cuenta la leyenda que Arias Montano buscaba en la Peña los restos del antiguo santuario. Y hay muchos actos e indicios que así lo sugieren. En sus Salmos, por ejemplo, escribió: “Me escondo en el bosque, en la gruta de una roca umbrosa. Este sitio agradó a mi espíritu ávido de saber”. Se cuenta que el teólogo aquí se confinó (qué mal suena, ¿verdad?) voluntariamente, y que descubrió y enseñó a su perrillo los pasajes subterráneos que unían la Peña con la Gruta de las Maravillas, para que le trajera las viandas necesarias.
Son leyendas templarias, que vinculan a san Víctor con Alfonso X, y a éste con el humanismo científico y erasmista de don Benito. Lean, lean y conocerán su rica historia.
Pero el grupo de caminantes no sólo está ávido de saber; y, como somos muchos, nos dirigimos unos a “El Padrino”, donde se come de escándalo; y otros a “La Placita”,  donde nos deleitan con pizzas de masa madre y verduras ecológicas. Y encima escuchamos un concierto de un grupo en directo. ¿Qué más se puede pedir? Prometemos volver, si podemos, en septiembre, para su magnífica romería.

Aldeas de Alájar y Castaño del Robledo, Huelva

​Día 4:

En Alájar nos asalta la duda de hacia dónde tirar, como se suele decir. Una posibilidad es ir hacia Santa Ana la Real, para seguir hacia Almonaster. Otra, la que vence, es visitar Castaño del Robledo primero, pasando por Calabacino –aldea de Alájar-, y mañana ir desde Castaño del Robledo hasta Santa Ana la Real. Nos dirigimos por tanto desde Alájar hacia Castaño del Robledo.
El municipio de Alájar llegó a contar en el siglo XIX con ocho villas o aldeas dependientes. Hoy en día solo están pobladas cuatro de tales aldeas: El Calabacino, El Collado, El Cabezuelo y Los Madroñeros. Hacia El Calabacino encaminamos nuestros pasos.
El día de ayer fue duro: pensemos que la Peña de Arias Montano está a 837 metros de altitud. Pero aquí seguimos dándolo todo por este paraíso paisajístico. Quizás sin saberlo, estamos transitando por lugares que forman parte de  lo que ahora se llama España vaciada. Sin embargo, en El Calabacino contactamos a a través de facebook con la Asociación de vecinos “Raíces del Calabacino”, que han logrado incluir esta pedanía en la RIE (Red Ibérica de Ecoaldeas). A ver si cunde el ejemplo y las administraciones facilitan la vida a quienes quieran vivir cerca del latido de la naturaleza.
Tras una pausa refrescante continuamos camino hacia Castaño del Robledo. Si antes decíamos que la Peña albergaba un alto puerto de montaña, en Castaño del Robledo está el considerado segundo monte más alto de la provincia: el Cerro del Castaño (960 m). El primero es el Monte Bonales (1055 m) en Arroyomolinos de León. Y es que lo primero que llama la atención es la verticalidad y estrechez de sus escasas calles. Un poco como el presente que nos ha tocado vivir: a veces cuesta abajo, la mayoría cuesta arriba. Y siempre con el agua al cuello.
Los más viejos de la Cuenca Minera desde donde venimos llamaban cariñosamente a este pueblo “el jueves”, ya que está en medio de muchos caminos, y a él se accede desde varias localidades (Jabugo, Santa Ana la Real, Alájar, Fuenteheridos y Galaroza). Es quizás esa accesibilidad la que vivifica su historia. De hecho posee una de las iglesias más antiguas de la Sierra, que data de la primera mitad del siglo XVI: la iglesia parroquial de Santiago Apóstol.
Hacemos cuenta de un arroz con boletus y alcachofas y de unas carnes asadas con leña en el Restaurante Maricastaña (el corporativismo del nombre es un poco ripio versificado ,pero no preguntamos el origen del nombre, porque como dice el antiguo refrán “se perdona el bollo por el coscorrón”).
Después del tute de ayer y hoy, hacemos noche en este pueblo, considerado Bien de Interés Cultural (Conjunto Histórico-Artístico), y nos repartimos entre algunas de sus casas rurales: La Julianita, Oropéndola, Castaño Bienestar… Hasta mañana.

 

Santa Ana la Real, Huelva

​Día 5:

El itinerario de hoy nos aleja de las carreteras (tardaríamos 10,5 km) y nos acerca a los caminos, para andar 6,5 km, distancia desde Castaño del Robledo hasta Santa Ana la Real. En torno a dos horas repletas de prodigios. 
Hay que tener en cuenta que el día amaneció lluvioso y con ganas de perpetuarse en su humedad. Además, por los caminos hay menos riesgo de incumplir alguna norma dentro de la fase de desescalada en que estamos. La RAE se ha tenido que comer un migajón gordo para no atragantarse con la palabra “desescalada”. Lo que hace nuestro grupo es en gran parte unas desescalada, porque Castaño del Robledo está a mayor altitud sobre el nivel del mar que Santa Ana la Real. Así que en muchos sentidos la jornada de hoy es cuesta abajo.
Salimos de Castaño del Robledo y nos acompañan los habituales alcornoques, pinos Flandes, y castaños. A la altura de la cintura sentimos la presencia del jaguarzo, la jara pringosa, algunas retamas, los brezos (¡qué cariño le tienen las abejas a esta planta!) y las aulagas, que en las matanzas antiguas se usaban para quemar al cochino antes de despiezarlo. Hoy se les quitan los pelos con quemadores de butano.
Pasamos por varios parajes señalizados en la mayoría de las rutas senderistas: el llano de La Venta, Los Llanazos (donde aparecen las primeras encinas y comienza la bajada ya mencionada), la sierra de los Palos Altos, y, en ella, paramos en la Cascada de Jollarancos (o saltos de Joyarancón), que tiene unos 50 metros de altura de caídas de agua (en bajadas a veces de saltos de hasta 10 metros). La Cascada encierra realmente el nacimiento de la Rivera de Santa Ana (recordemos que vamos a Santa Ana la Real y la Corte de Santa Ana), afluente de la Rivera de Santa Aurelia, que vierte sus aguas al Odiel, el río más importante de la provincia. Estar tan cerca de una naturaleza tan pura y salvaje dignifica a las personas, pues nos recuerda de dónde venimos y que formamos parte de ella.
Y no hay mejor manera de dignificar esta naturaleza que aportándole como seres humanos nuestra cultura y tecnología. Una simbiosis entre literatura y naturaleza es el Bosque de las Letras en este sendero de Santa Ana la Real. Podemos hacer una parada para leer, físicamente y a través de códigos QR en nuestros móviles, obras clásicas y de autores actuales que han cedido desinteresadamente sus creaciones para que quien camina por estos parajes reflexione un momento o, simplemente, goce.
Ya estamos al final del camino. El Puente de los Casares nos abre las puertas de Santa Ana la Real. Aquí reponemos fuerzas en La Mezquita, donde pedimos algo de cuchareo (cocidos y potajes) y algunas especialidades de la casa, como las carrilleras y las castañuelas. Hacía falta algo calentito tal y como estaba el día. Para dormir tenemos apalabradas las reservas en las Casas Rurales Los Veneros, en La Corte de Santa Ana, a un escaso kilómetro de distancia. Otro enclave privilegiado para hacer noche.


 

La Corte de Santa Ana- Almonaster la Real, Huelva

​Día 6:

En este sexto día, si aplicamos frívolamente términos de actualidad, prevemos continuar con la desescalada, aunque habrá después un leve repunte para llegar a nuestro destino: Almonaster. La ruta desde la Corte, pasando por Calabazares, la seguimos a través de la web “planetagaia.es”. Un nombre simbólico y necesario.En La Corte, al amanecer, salimos desde la Ermita de Nuestra Señora del Rosario (a petición de algunas riotinteñas que vienen en el grupo), y al estar más altos, pronto vislumbramos Calabazares al fondo. Pasamos antes por la fresca rivera de Escalada y la aldea del mismo nombre. En los alrededores de La Corte visitamos la ermita de Santa Eulalia (Monumento Nacional), que contiene valiosos frescos con escenas del apóstol Santiago. La romería en honor a esta Santa, el tercer domingo de mayo es muy querida para algunos campilleros que van en el grupo. Seguimos hacia Calabazares.Tras Calabazares el camino se hace más amable: alcornoques, algún fresno, grandes quejigos y algún tilero o majuelo protegido. Además hay alguna que otra fuente estratégica, muy bien conservadas, que permite el refresco y el descanso. Pero el ansia por llegar a nuestro destino nos atrae pronto hasta el cruce de la carretera A470, donde aparece grandiosa la panorámica de este pueblo y de su castillo, con la mezquita omeya dentro, declarada también Monumento Nacional.Almonaster es una clase de historia del arte: la iglesia parroquial de san Pedro es ejemplo del estilo gótico-mudéjar con una bella portada manuelina; la capilla de la Trinidad es ejemplo del arte del siglo XVIII; la ermita de Nuestra Señora de la Concepción contiene unos capiteles y un ara romanos reutilizados; la ya mencionada ermita de Santa Eulalia; y sobre todo la Mezquita. A los pies de la Mezquita, en lo que fuera la plaza de armas del castillo, se hizo una plaza de toros, que atravesamos para entrar en ella.La Mezquita omeya se construyó donde estaba el monasterio (Al Munastir en árabe) o templo del minúsculo castillo visigodo. Columnas y pilares fueron reutilizados de las construcciones romanas y visigodas anteriores. La Mezquita conserva el mihrab, de planta semicircular, cubierta con bóveda de media esfera. Es un raro ejemplo de arquitectura musulmana rural, y sigue humildemente el modelo de la Mezquita de los califas de Córdoba. Con humildad, sí, pero no le falta un detalle: intercolumnio, oratorio, patio de abluciones, alminar, aljibe y mihrab de ladrillo saliente. Además, al convertirla en iglesia le añadieron un ábside, una sacristía y la nueva entrada. La sala de oraciones es una nave central y dos laterales más estrechas. En su subsuelo se han descubierto hasta 19 tumbas.Nos damos cuenta en este pueblo de que el arte es la firma que los seres humanos plasman en el libro de la historia. Desde la humildad, pero con las más altas ambiciones de trascendencia, imaginamos a quienes dejaron su impronta en este lugar, superpuesta como capas de lasaña exquisita. Edificando sobre lo ya construido, adaptando sus vivencias al pasado y al futuro. Arquitectura práctica pero digna estéticamente. El neorruralismo que da vida actual a estos pueblos de la España vaciada ha sabido coger el testigo, afortunadamente, y promueven la artesanía, la pintura y el arte. Este es el camino: naturaleza y humanidad conviviendo de manera beneficiosa.Y con tales pensamientos, bajamos al pueblo para hacer una comida a la altura del entorno. Para ello teníamos varias opciones, todas buenas, pero nos decantamos por el Restaurante Isabel II. Y cuando vimos la carta cada cual hizo de su capa un sayo y pocos del grupo comimos lo mismo. El bacalao al Tenorio y los calamares de campo son sorprendentes. Los postres una delicia. Hubo quien, ante tanta delicia, se arrancó por fandangos dándole el dejillo de Almonaster (y sin mencionar ninguna de sus Cruces, por si acaso):“Te quiero mas que al vivirmás que a la tierra y el cielo,más que a mi padre y mi madreyo más quererte no puedo.”Tras la comida, para bajar la digestión, nos propusimos subir al Cerro de san Cristóbal para deleitarnos con sus espléndidas vistas..

Almonaster la Real-Cortegana

Día 7:

Otro día tremendamente lluvioso nos da los buenos días. Estos días así apagan los colores exteriores e interiores. Los verdes se oscurecen un poco, y el carácter de cada persona se pone un poco cabizbajo. Eso sí, en los ratos en los que abre la climatología, el subidón es mayor. Ojalá que en el futuro la climatología actual deje aparecer el sol de la esperanza.
El recorrido de ayer fue precioso, esperemos que el de hoy cumpla mínimamente. La meta, Cortegana, promete. Para llegar allí, desde Almonaster, tenemos la opción de ir por Las Veredas o ir por Los Acebuches, dos aldeas de Almonaster. Elegimos la opción de ir por Los Acebuches, pese a que Las Veredas está más poblada, pero visitaremos de camino la antigua mina de grafito de san Carlos.
Salimos desde Almonaster  por la A-470 (a Cortegana). Pasamos el cementerio y nos desviamos a la izquierda por el llamado camino del Martiago. A la altura del Cortijo de los Casares se sitúa el cruce mencionado hacia Las Veredas o hacia Los Acebuches. El grupo coge este. Transitamos después por el barranco de La Porrejona. Subimos un tramo hasta llegar a las vías del ferrocarril Huelva-Zafra, que tanta vida ha dado a esta zona. Llegamos a Los Acebuches (también llamado El Acebuche, árbol típico del clima mediterráneo) y vemos los pocos restos de la mina de grafito de san Carlos: apenas subsisten las ruinas del concentrador, que abastecía de mineral este lugar, y posteriormente se cargaba en el ferrocarril de Zafra hasta el puerto de Huelva, de donde salía en barco hacia Reino Unido. El grafito se utilizó para la fabricación de crisoles hasta la I Guerra Mundial.
Seguimos en dirección a El Cincho, otra aldea de Almonaster, ya casi deshabitada. Pero con un camino empedrado que lleva a riberas que pasan por el bonito barranco de las Vegas. Hasta ahora casi todo han sido subidas. Desde aquí se suaviza y comienza a predominar la bajada. Llegamos al mirador de santa Bárbara, donde ya podemos ver una panorámica de Cortegana, en la que destaca la silueta de su castillo. Pasamos por el callejón de La Gitanesca y salimos a la plaza de toros de Cortegana. Este era el camino previsto para hoy. Pero, claro está, debemos subir al Castillo de Cortegana.
Podría hacerse por la Sierra una ruta senderista para visitar los varios castillos que alberga (que formaban parte de la defensiva “Banda gallega”): el de Cortegana y los de Cumbres, Santa Olalla, Aroche y Fregenal. La motivación de estas fortalezas se debe a las disputas entre Portugal y el reino de Castilla (y desde los RR.CC., con España), que los hacía depender de la ciudad de Sevilla. 
El menos antiguo de todos los castillos nombrados es precisamente en el que estamos (no es nombrado hasta 1326). Es Monumento de Bien de Interés Cultural. No vamos a describirlo, pues preferimos que quienes nos leen lo visiten, y transiten su interior (especialmente el Alcázar), suban por sus escaleras, oteen el magnífico horizonte, y se enfaden con quienes no conservan mejor los monumentos históricos que hemos heredado.
En el recinto del castillo también se sitúa la Ermita de Nuestra Señora de la Piedad (siglo XIII). Y ya fuera visitamos también la Iglesia Parroquial del Divino Salvador (en construcción desde el siglo XIV), Bien de Interés Cultural y en el catálogo andaluz de Patrimonio Histórico. Esta iglesia se sitúa en el centro del pueblo, y desde ella nos acercamos a varios bares para tapear, algo que no hacemos desde hace tiempo. Casa Ferre, Bodega La Esquinita, El zaguán…

Cortegana- Aroche

Días 8,9 y 10

Días 8, 9 y 10: De Cortegana a Aroche
El sendero Cortegana – El Hurón – Aroche fue el primero homologado en Andalucía y se extiende por unos 21 kilómetros, y el estado y la fase actuales no nos permitía hacerlos en un solo día. Hemos usado una media de 7 kilómetros diarios, en los que lo esencial es disfrutar imaginativamente del camino que transitamos. Además, hay destinos en nuestro entorno que, aunque requieran varios días de camino, merecen la pena ser visitados, y Aroche es uno de ellos. 
Los detalles del recorrido de este sendero requieren de una planificación previa exigente, ya que hay, en varios momentos, posibilidad de equívoco. Aclaramos, por ello, que la antigua aldea es desde hace bastante un cúmulo de piedras deshabitado. Por orden de indicaciones sería: Ermita del Calvario (Cortegana), Camino de Ojalvos (empedrado), puente del arroyo de los Andrinos, barranco de la Peñita (ojo hay que atravesar por cancelas que después hay que cerrar), rivera de la Alcalaboza, antigua Vereda Aroche-Almonaster la Real (empedrado), El Hurón, El Vínculo, Cerro Borrero, Alto de los Méndez, Aroche. El sendero es de primera categoría (como si la sierra se suavizara –coño, nos ha salido una aliteración con la “s”-), pero el destino, Aroche, es la guinda del pastel.
Aroche. El origen del topónimo es incierto. Unos piensan que es prerromano, y que en época romana pasó a ser ARUCCI (Arucci-Turóbriga da nombre al yacimiento romano que recuerda a la ciudad fundada en tiempos de Augusto, s. I. a.C.). En el Libro de la montería XI, de Alfonso X el Sabio (siglo XIII), aparece “Aroche”. Pero otros estudiosos opinan que dicho nombre tiene tratamiento dialectal propio del mozárabe, con lo cual podría sostenerse la opción de procedencia hebrea, desde “ha roch”, 'la cabeza', en el sentido de 'el jefe'. Recordemos que es uno de los pueblos situados a más altura de la sierra (410 metros), y que su orografía es agreste y hostil, con los Picos de Aroche al norte (que le dan el apellido a esta sierra de Aracena) y la Sierra de Mojonato al sur. Además, las riberas del Chanza y de la Peramora conforman un paisaje magnífico, frondoso y verde.
La historia de Aroche es riquísima, digna de una lectura y una investigación detenidas. Pero caminar leyendo es difícil y molesto, por lo que simplemente describiremos lo que vemos, con los ojos asombrados del presente y los pocos conocimientos históricos y artísticos que tenemos.
Da gusto pasear por calles estrechas y empedradas de este pueblo. Blanco caserío, casas solariegas, casonas palaciegas, fuentes de frescas aguas. La primera visita obligada es a su castillo, que un día fue almorávide, pero en 1293 fue reconstruido por Sancho IV de Castilla. Ya hemos mencionado en este “diario de a pie” que las disputas Portugal-Castilla estaban a la orden del día por estos lares. Después de Sancho IV, la población fue reconquistada por Sancho II de Portugal, pero pronto volvió  a pasar a manos de la Corona de Castilla que la cedía a la provincia de Sevilla. 
Fuerte castillo octogonal, robustas murallas. En el castillo contemplamos sus diez torres, y, en su interior, la plaza de toros. Visitamos brevemente su museo arqueológico con piezas, principalmente romanas, encontradas en la zona. Ya hemos citado el yacimiento Arucci-Turóbriga que tanto vivifica a este bonito pueblo.
Luego visitamos un museo único en el mundo: el Museo del Rosario. Instalado en una casa del siglo XVI, cuenta con unas 1500 piezas, algunas donadas por personalidades como Pablo VI, la madre Teresa de Calcuta, los humoristas Tip y Coll, el arzobispo Makarios, el barman Chicote o el bailarín Antonio. 
Nos podemos plantear algún día la curiosa ruta de los Museos Curiosos: este sería el primero que visitemos; iríamos después a pocos kilómetros de aquí al Museo de los Crucifijos (Portugal); luego al Museo del Botijo de Villena (Alicante); al Museo de un particular salmantino que reúne orinales, cuñas y palanganas; o el  Museo de un valenciano que acopia recuerdos y testimonios de fracasos sentimentales (ocho propios y más de 1500 ajenos). Por ejemplo, un granjero y una gallina leghorn, mientras que practicaban sexo con pasión desenfrenada, se vieron aplastados por el desplome de jun viejo muro, y de ellos solo quedó una pluma, de ella, y el paquete de Ducados de él, testimonios de los desventurados enamorados que el curioso valenciano atesora.
Estos sucesos nos dan pie a una divertida conversación grupal, y nos acercamos a los bares donde enjuagar el paladar para que el palique sea aún más fluido. Luego, después de tres días de comer bocatas por esos caminos serranos, nos preparamos para comer bien (hoy importa más la cantidad que la calidad). Nos acercamos a Las Lajitas que además de calidad gastronómica nos ofrece una vista magnífica del pueblo. La salchicha arochena, el lomito con queso, son buenísimas tapas. Otros y otras se fueron directamente a los potentes platos combinados.
Prometemos al menos volver dos veces más, tanto para la ya asentada Fiesta Romana como para la Semana Santa y su Pregón del Descendimiento, en el que se desciende a un Cristo articulado de la Cruz. De lo pagano a lo divino en un segundo: así es la vida, así somos las personas, así es Aroche.

Desde Aroche aEncina Sola

Días 11, 12 y 13: Desde Aroche a Encinasola (Ruta de los contrabandistas)

Esta apasionante y bella ruta une Portugal (Moura, Barrancos) y España (Aroche, Encinasola), pues ese era el objetivo: el contrabando y el estraperlo como modo de supervivencia durante los períodos de posguerra civil y dictadura franquista. El grupo no hará la ruta completa, y la hará en sentido contrario: seremos como un o una marocha de Encinasola (poco se ha hablado de la mujer de estas tierras como estraperlista) que vuelve de Portugal pasando por Aroche. La ruta está muy bien señalizada, ya que es un foco de interés y curiosidad muy atractivo. Pasaremos por la pretendida zona de La Contienda –hoy finca-, cuya posesión estiraba o retraía la frontera según perteneciera a uno u otro país. Toda una historia en apenas 24 km.
El punto de partida es el cruce en Aroche que señala la carretera Aroche – Encinasola. Nos metemos por el camino paralelo y llegamos a una vetusta ermita, huertas locales, fuentes y ruinas de casas. También está señalizado en el camino la posibilidad de llegar al portugués pueblo de Barrancos. Llega una subida que lleva a un puente pequeño que atraviesa un arroyo, un viejo cortijo y el Puerto de Buenavista. Nos metemos ya en La Contienda, cuyo nombre es espejo de su convulsa historia. El paisaje y las vistas que contiene son espléndidas. Especialmente llamativo es un canal gigantesco excavado en la montaña, ya al final del paraje. Llegamos después a otro de los atractivos de la ruta: el Puente de los Cabriles, que cruza la ribera del Múrtiga. Un puente bien conservado, con cabezas de carneros en sus pilares. El río es fuente de vida para aves y otros animales, y la naturaleza que lo rodea es preciosa. Seguimos el camino señalizado y llegamos a una pequeña ermita que anuncia el final del camino de La Contienda y la llegada a Encinasola.
El contrabando siempre ha sido un tema cada vez menos tabú y hoy se cuentan sus historias con todo lujo de detalles, quien sabe si magnificados por la pátina legendaria que permite la historia. El argot de la profesión es riquísimo, y sirvió también para ubicar rincones geográficos desconocidos hasta el momento. La participación de las mujeres en este mundillo es muy relevante. Se dice que ellas intervenían especialmente en el estraperlo de café: había café para toda la sierra e incluso se exportaba al sur de Extremadura. Los riesgos que entrañaba este oficio dejó muchos cadáveres en los caminos, pese a la complicidad y la colaboración de la mayoría de los habitantes. Tiempos duros, pero necesarios para vivir mejor. Cruzaban la raya hacia Portugal por la frontera y por la noche se volvía cargado al origen: a veces se llegaba y otras no. Las vestimentas, ligeras, variaban según la labor que ejercían dentro del gremio clandestino, o según su dinámica: unos andaban, otros con burro, en pareja, en solitario. Como monedero, por ejemplo, usaban una caña impermeable y liviana que siempre llevaban en la mano, y si aparecía la Guardia Civil la arrojaban para ir luego a buscarla
Encinasola (Azhinasola) se llamó antes Montes Claros (¿ganó con el cambio de nombre?). Es un pueblo que, para su agricultura y ganadería, nace en las vegas del río Múrtigas. Destaca su término municipal en dólmenes funerarios prehistóricos. La huella romana también se ve en las antiguas explotaciones mineras de Sierra Herrera y de san Sixto. Como la mayoría de los pueblos fronterizos, desde el siglo XIII también sufrió los desencuentros bélicos entre Portugal y Castilla (más tarde el reino de España). Así su castillo, edificado por Alfonso X, con su Torre del Homenaje,  formará parte de esa franja de defensa gallega ya mencionada. Durante el siglo XX los rifirrafes con Portugal (Moura) se extienden por la posesión del territorio llamado “La Contienda” (por el que nuestra ruta nos guía); incluso hay roces con la vecina Aroche, de donde venimos, por la titularidad de dicho territorio, esencial paso de contrabando y estraperlo. Paradójicamente, ahora vive hermanado con el pueblo portugués de Barrancos, con el que comparte aguas comunes. Las uniones y amistades fomentan un curioso y rico lenguaje pidgin fronterizo, medio castellano y medio portugués. Barranqueños y marochos discuten, eso sí, a quién quiere más la Virgen de las Flores, pero son celos de hermanos.
Visitamos los Fuertes de san Felipe (s. XII) y de san Juan (mandado por Felipe II) y la iglesia de san Andrés (s. XVI). No nos da demasiado tiempo. En un bar escuchamos el dulce y bailable fandango de Encinasola: 
“Que te quise no lo niego, / que no te quiero es verdad. / Gozar del amor es triste / como yo ye gozado ya. / Que te quise no lo niego”. “Yo sembré en una maceta / la semilla del engaño. / Con lágrimas la regué / y la flor salió llorando. / Tuvo la culpa el querer.”
Asistimos en la plaza a la antigua danza del pandero que, según la leyenda, se bailaba a la puerta de las casas donde algún niño o niña moría. Los panderos antiguos eran cuadrados, como un circuito eléctrico que percutía en las puertas que hay entre la vida y la muerte.
Y nos vamos de compras: siempre que venimos por estos lares nos llueven los encargos. Productos del cerdo, artesanía del corcho y una riquísima miel son los productos estrella para comprar en este pueblo onubense, norteño y fronterizo. Pero su riqueza también está en sus gentes, amabilísimas cuando te ganas su orgullo: porque la historia los ha apretado, pero saben que en la amistad está la mejor supervivencia.

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Desde Encinasola a Cumbres de San Bartolomé

Días 14 y 15: De Encinasola a Cumbres de san Bartolomé (17 km)

En estos dos días hacemos 17 kilómetros por senderos tremendamente naturales, puros. Senderismo rural elevado a la máxima potencia. Las ventajas de la España vaciada. Valles angostos, ricas dehesas, arroyos cristalinos, monte mediterráneo, barrancos, vaguadas, ríos que se ensanchan y se estrechan como quien te guiña un ojo, y rocas enormes de cuarcita. Se ven animales sueltos por estos campos, y volando por los cielos se ve algún águila real y, menos, algún buitre leonado. Más cerca, en los árboles oímos, más que ver, a jilgueros y verderones.
Partimos desde la calle Arrabal Menor, a la salida de Encinasola, donde tomamos el camino central llamado sendero de la Peña de san Sixto. Los mampuestos de roca nos conducen hacia el cerro de la Cruz. Tras una leve cuesta, llegamos hasta los valles del Caño y del Sillo. Olivares, encinares, alcornocales, retamas y jaguarzos se adueñan del camino. Al final del valle está la casa de la Huerta del Caño y el arroyo del Caño, que nos une con la finca El Berrón. Y tras ella llegamos a la imponente Peña de san Sixto, donde se ubican algunas buitreras protegidas. Estamos ante uno de los más grandes roquedos del Parque Natural Sierra de Aracena y Picos de Aroche. Contiene un ecosistema rupícola excepcional: el buitre leonado, el búho real, el avión roquero, el cernícalo vulgar, el escribano montesino, águilas reales y perdiceras, cigüeñas negras, son algunas de las especies que harán las delicias del turista avícola. En la falda de esta mole de cuarcita se han encontrado restos de asentamientos antiguos y restos de chozos ya más actuales. 
Nos dirigimos después hacia el arroyo del Sillo, cuyo vado es más caudaloso y cristalino que el del Caño. Buen sitio para pescar, sin duda; fresco y con especies ya tan inusuales como el jarabugo, la pardilla, la boga, el barbo y la anguila. Incluso nos podemos cruzar con alguna que otra nutria cazadora.
Sobre el quinto kilómetro llegamos a la dehesa de la Gallega, con el cortijo de igual nombre. Ya hemos pasado al término de Cumbres de san Bartolomé. Al frente vemos el barranco del Lobo. El ganado, sobre todo vacuno, hace proliferar los útiles pasos canadienses, estratégicos y tan respetuosos con la naturaleza. Un ejemplo de su uso lo tenemos en el cortijo de El Pizarro. 
Cruzamos después un tramo de carretera, la H-2111, que une nuestro origen y nuestro destino previsto. Soltamos el asfalto a los tres kilómetros, ante un cartel de prohibición del tránsito de maquinaria de cadenas. Y la jara pringosa nos conduce hasta el arroyo del Puerto y la dehesa de Romanitos.  Este punto es conocido entre los lugareños como El Estrecho, y está gobernado por la casa de La Gangosa. En torno a ella se ven majadas y corrales que indican el quehacer ganadero. Vadeamos el arroyo del Puerto y ascendemos por un camino encajonado por laboriosos muritos de piedra. La huella humana se nota cada vez más: pequeñas casas con huertas y frutales (naranjos, higueras…), y un precioso empedrado de guijarros muy bien conservado, y con paredes de `piedra a los lados. Ya estamos en las inmediaciones de Cumbres de san Bartolomé. Y pronto vemos la bonita estampa del pueblo a lo lejos.
Cumbres de san Bartolomé ha seguido los mismos vaivenes históricos que los pueblos fronterizos por los que hemos deambulado. Ahora pertenezco a una Corona, ahora me ceden a otra. En el siglo XIII se reconquista y pasa al Reino cristiano de Sevilla. Pero los enfrentamientos con Portugal hacen obligatorio el castillo que ahora visitamos, una muralla artillera del siglo XIII, también componente de la defensiva Banda Gallega ya mencionada. En 1479, con la firma del tratado de Alcaçobas-Toledo, la fortaleza de Torres, como se le conoce popularmente,  fue entregada a la Orden de Santiago para su mantenimiento y defensa. Actualmente, el castillo de Cumbres de San Bartolomé da cobijo a la plaza de toros, hoy en horas bajas.
La Iglesia de San Bartolomé, es otro monumento arquitectónico de gran relevancia histórica, debido a que en su interior alberga dos tallas románicas de gran valor cultural: la Virgen de Torre y  Santa Ana con la Virgen (o Virgen del Pajarito).
Nos vamos pronto a comer, que la sed y el hambre aprietan. Como hay prisa nos repartimos entre el Bar Perico y el Bar Chiquitín. Jornada de tapeo y cerveceo que viene como anillo al dedo para nuestros cansados cuerpos. Además, a precios muy asequibles.Y es que a lo antiguo no llega nada. Mañana nos esperan las Tres Cruces: como dice la canción de José Feliciano.

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Las Tres Cumbres

Días 16 y 17. Las Tres Cumbres: Cumbres de San Bartolomé, de Enmedio, y Cumbres Mayores. 10,8 km

Como es fin de semana, decidimos hacer los casi 11 kilómetros de este recorrido en dos días, para saborear el entorno –que lo merece-; para hacer un placer del camino, y no una obligación; para descansar andando. 
Unimos a pie los tres municipios de Cumbres: ayer llegamos a Cumbres de san Bartolomé (salimos desde la Plaza de san Sebastián), después visitaremos Cumbres de Enmedio y terminaremos en Cumbres Mayores (plaza de la Iglesia y del Castillo). Nuestros pies pisan todo tipo de firmes: tierra, empedrados (cerca de Cumbres Mayores), hierba, el agua de los arroyos. Y los caminos serán callejas, calzadas, veredas. Así que el disfrute está asegurado, por la variedad paisajística. Además, al estar cerca de Extremadura se copian las costumbres ganaderas –especialmente el porcino en montanera-, y veremos mucho ganado suelto en las dehesas, separadas a veces por estrechos muros de piedra. 
Salimos desde la Plaza de san Sebastián por el camino de la Viñitas, que nos conduce hacia el arroyo del Barranco de las Cañadas. Un magnífico pilar-abrevadero de ladrillo, de unos 12 metros y de ladrillo macizo, es indicio de la actividad ganadera típica de la zona. El agua es el bien más preciado que tenemos para vivir, y es evidente que condiciona cualquier núcleo poblacional, más antiguamente que ahora. Es importante seguir estrictamente las marcas del sendero GR-48, ya que el itinerario es en pleno campo y hay que torcer a derecha o izquierda sin más referencias que dichas marcas. Así llegaremos en torno a los 5 km a la población de Cumbres de En medio, donde hacemos parada obligatoria. Estamos en uno de los municipios más pequeños de Andalucía (menos de 50 habitantes). Por sus calles de piedras pasamos por la iglesia y llegamos a la plazuela y la refrescante fuente, donde descansamos. Una veleta con la figura de un lince nos sugiere otra época más salvaje y en la que la mano humana vivía y dejaba vivir.
Ya no es tiempo, pero esta es tierra rica en gurumelos (Amanita ponderosa), una seta riquísima que, algunos del grupo se atreven a decir, gusta tanto o más comerlas como buscarlas. A veces nos sorprende y cruza por el aire algún bellísimo milano real. 
Partimos hacia Cumbres Mayores por caminos delimitados por cuidadas y admirables paredes de piedra, donde se cría el ombligo de Venus. Paseamos entre dehesas: la de la Aldea, la del Endrinar. Ojo porque a la altura del kilómetro 7,2, nuestro sendero contacta con el GR-42 que lleva a Segura de León. Nuestro grupo sigue y nos encontramos en el Cortijo de Peliche, tan rico en montanera para los cochinos. Nos apretamos un poco para vadear el barranco de la Magdalena. Subimos y si miramos atrás, con la altura cogida, nos deleitaremos con unas vistas preciosas: al norte se ve Higuera la Real y otros pueblos extremeños. Seguimos el camino marcado y, por el camino del cementerio, el  firme empedrado nos conduce a los alrededores de Cumbres Mayores y su imponente muralla. Llegamos por fin a la plaza de la Iglesia y el Castillo.
Quizás el origen de las tres Cumbres proceda de una huida para defenderse a las zonas más altas, según cuenta la historia. La población celta de Nertóbriga, pasó a ser la romana Concordia Julia Nertóbriga, en la Beturia Céltica, y serían el germen de los habitantes que fueron despoblando las zonas bajas, y, ya en el siglo V, se trasladan al sur para fundar aldeas en las tres poblaciones actuales. Posteriormente, pastores bereberes aprovecharon la orografía propicia para la ganadería y las ocuparon en época árabe. Luego vendría la reconquista y se tiene noticia de que Fernando III erige la Parroquia de san Bartolomé en la llamada entonces Cumbres de Abajo o Cumbres Bajas. La importancia defensiva de estos pueblos en las contiendas con Portugal  hace proliferar torres, fortalezas y castillos que acogieron a oriundos de Castilla, León y Galicia.
En Cumbres Mayores se está de lujo en esta época del año. Como hay tiempo, nos recreamos en la visita. Vamos primero al Castillo (Bien de Interés Cultural), después a la Iglesia de san Miguel Arcángel (otro Bien de Interés Cultural) y finalmente a la Ermita de la Virgen del Amparo. El castillo fue iniciado por Sancho IV el Bravo en 1293 y terminado en el siglo XIV. De este pueblo fueron algunos expedicionarios y conquistadores de América, y tuvo un diputado en las ejemplares Cortes de Cádiz de 1812, José Pablo Julián Valiente Bravo (con ese apellido podría haber sido lo que hubiera querido). La verdad es que son magníficos los monumentos. Además un paseo por la muralla del pueblo no abre el apetito antes de acercarnos a la querencia gastronómica. Y este pueblo la satisface sobradamente. No en vano es famosa su feria gastronómica. Los productos del cerdo adquieren en los restaurantes de este pueblo un nivel excelente y ante ellos nos inclinamos como ante un dios pagano. Salud.

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Cumbres Mayores, Hinojales, Cañaveral de León y Aroyomolinos de León

Días 18, 19 y 20: Cumbres Mayores- Hinojales- Cañaveral de León- Arroyomolinos de León-  31 km

El sendero de estos tres días es exigente, y más si cabe cuando las y los componentes del grupo estamos rehaciendo nuestras vidas después del amargo paréntesis del confinamiento. Andar era antes un bien común, para evitar el sedentarismo físico y el derrumbamiento psicológico. Pero ahora que la vida se abre, pensamos erróneamente menos en la actividad física como norma vital. Pero aquí está este admirable grupo para recordarnos que hacemos camino al andar.
El primer tramo largo nos lleva desde Cumbres Mayores hasta Cañaveral, pasando por Hinojales (alrededor de 12 km, en un día). Y el segundo tramo, y más exigente, nos lleva hasta Arroyomolinos de León (unos 9 km en otro día). Por último, subiremos al Monte Bonales: unos  10 km más (el último día). Ahí vamos.
Salimos de Cumbres Mayores por la carretera de la estación de ferrocarril, un camino entre muros de piedra que nos lleva a un puente por el que cruza la vía del tren. Estamos en la carretera que lleva a Hinojales, pero cogeremos un carril paralelo a la vía. Este carril, que coincide en muchos tramos con el venero de agua que abastece a Hinojales,  nos lleva al cortijo de la Dehesa de Arriba. Nos acompañan encinas, alcornoques, quejigos y  algún preciado rodal de castaños. En la cumbre del camino entraremos en la Cañada de los Lobos, y de ahí llegaremos a un paraje llamado Suerte Víbora. El paisaje se allana, se despuebla de arboleda y se llena de ganado pastando. Un camino forestal nos lleva al barranco de la Corte, un pequeño arroyo que desemboca en la Colada del Camino de Sevilla (primera vez que nos aparece Sevilla como topónimo de ubicación en Huelva: nos acercamos a su frontera). Es el camino que atraviesa desde Fuentes de León a Hinojales (este pueblo lo dejamos a un lado). Después atravesaremos la carretera desde Hinojales a Cañaveral, por la sierra de Jacobo. Hacemos una parada en Cañaveral, donde entramos por caminos estrechos de piedra hasta llegar a la Avenida de Andalucía, principalmente para bañarnos y refrescarnos en su guapísima piscina natural. El agua es el milagro de estos territorios. 
Los primeros datos de Cañaveral de León nos remontan a la Edad de Cobre. En el siglo XIII quedó bajo la Encomienda de León en Extremadura (recordemos que la frontera con esta región está muy cerca). Por aquí pasaba el ganado de la Mesta en dirección al Sur. 
Tras el refrescante paso por Cañaveral, seguimos sendero hacia Arroyomolinos de León. Cogemos por la Sierra del Ruar, cruzando La Nava y la Sierra de Jabata, hasta llegar a nuestro destino. Un poco de su abundante historia nunca viene mal saberla, pues es reflejo de muchos pueblos de la zona.
En el siglo XIII la Reconquista Cristiana llega a esta zona y el Gran Maestre Pelay Pérez Correa, perteneciente a la Orden de Santiago, lidera la llamada Batalla de la Calera, en el monte de Tentudía (en Badajoz). Cuenta la leyenda que el Maestre gritó “Santa María, detén tu día”,  para poder ganar la batalla, creándose después el Monasterio de Tentudía. Años más tarde, el lugar fue repoblado por castellanos y leoneses que venían por la Ruta de la Plata. Se formó la Encomienda Mayor de León con cinco villas en plena frontera con los árabes, y la Orden de Santiago adquirió un gran dominio económico en la zona. Los pueblos que formaron parte de la Encomienda fueron: Fuentes de León, Segura de León, Calera de León, Cañaveral de León y Arroyomolinos de León, perteneciendo en la actualidad los tres primeros a la provincia de Badajoz y los dos últimos a la de Huelva.
En un principio, Arroyomolinos de León perteneció al partido de Llerena, aunque años más tarde, en 1.274 fue concedido al Fuero de Segura de León. Desde su fundación hay que hacer mención a los constantes litigios con lugares cercanos por cuestiones territoriales. En 1.485, la Orden de Santiago desapareció y Arroyomolinos pasó a pertenecer a la Corona Española, concretamente a la Tierra Realenga de Sevilla y dependiente de la Casa de los Marqueses de Aracena hasta el siglo XIX. En el proyecto de división de 1.809 quedó encuadrado en el Departamento del Guadalquivir Bajo.  En 1.810 y con la invasión napoleónica, se decreta otra división y queda encuadrado en Extremadura (que entonces era sólo una provincia), dependiendo de la Prefectura de Mérida. En 1.822 las Cortes Españolas vuelven a situarlo dentro de Extremadura, pero en 1.833, por el Decreto Ley del 30 de noviembre, bajo el reinado de Isabel II, Arroyomolinos de León queda enmarcado definitivamente en la recién creada provincia de Huelva. Al condado de Niebla se unen pueblos de Sevilla y de la provincia onubense, y los arroyencos manifiestan su descontento porque el sentimiento y tradición extremeña estaba muy arraigado en la localidad. Siempre ha existido esa lucha interna entre las tradiciones extremeña y serrana. En este caso, como en el bilingüismo, ser bipolar enriquece culturalmente: no pensamos que se a un problema, sino una bendición.
Las fuentes y manantiales de Arroyomolinos de León son abundantes: todo gira en torno al agua. Los senderos marcados para ser caminados son espectaculares: Sendero hacia el Mirador  del Alto del Bujo, Senderos de la Sierra de los Gabrieles, Sierras de Jabata y del Águila. Pero no nos podíamos marchar sin subir al considerado punto más alto de Huelva: el Monte o Cumbre Bonales, de 1055 m de altitud. Desde el pico, una vez arriba, se puede contemplar en días claros prácticamente toda la provincia de Huelva, gran parte de la sierra de Aracena y parte de Badajoz. El grupo hace la subida por la ruta, relativamente fácil, desde Arroyomolinos de León. Muy cerca de aquí está el Monte de Tentudía, el pico más alto de Badajoz, con 1114 m. Pues bien, hay otro sendero de subida muy transitado desde el Monasterio de Tentudía. Prometemos hacerlo en otro momento.
Los tres días de inversión en esta ruta han sido cansadísimos, aunque muy provechosos: ha valido 100% la pena (especialmente, el baño en Cañaveral y la subida al Bonales). Incluso las comidas y el asueto no han podido realizarse como este gran grupo merece. Hemos tenido que recurrir a mochila, agua, bebidas energéticas, bocadillos y conservas. La venganza será opípara.

Arroyomolinos de León-Cala

Días 21 y 22: Arroyomolinos de León- Cala (13 km)

Como venimos de la exigencia, nos explayamos en la contemplación, cuando podemos. Es este el caso, pues, saliendo de Arroyomolinos, nos proponemos hacer un camino de 13 o 14 km en dos días. A medias de unos 7 km por día. Vamos en dirección a Cala: es decir, en vez seguir ruta hacia el norte (Extremadura), torcemos en dirección a la frontera con Sevilla, también relativamente cerca, entre cuyos hijos e hijas ilustres tenemos varios ejemplos en este grupo caminante.
En los parajes norteños del Parque Natural de la Sierra de Aracena y Picos de Aroche es donde mejor se aprecia la magnificiiencia de la naturaleza en su sentido hermoso y selvático: arroyos, veredas estrechas, encinares y alcornocales majestuosos. 
Comenzamos nuestro itinerario en la salida de Arroyomolinos por la carretera que conduce a Cañaveral de León: en concreto desde el puente sobre el Arroyo de los Huertos, que discurre paralelo durante un trecho y acabamos atravesándolo más adelante. El itinerario avanza esta vez en sentido ascendente por unas callejas empedradas, punto del camino donde el caminante puede apreciar una de las hermosas vistas de Arroyomolinos de León, que ya dejamos atrás. 
La ruta prosigue franqueando el puerto entre las sierras de El Ruar y La Nava y cruza un jaral para luego descender en zig-zag mientras a la vista del visitante se abre el precioso valle de La Nava. El camino franquea dos cortijos y pasa una ancha pista de grava blanca a la que llega a tocar, para continuar la marcha en dirección este por la colada de La Nava hasta que corona el puerto de los Moledores.
Como unas orejeras protectoras, nos acompañan las típicas paredes de piedras que marcan los límites de las fincas. Seguimos el camino y pasamos próximos a un establo cuadrado cerca del que nace un manantial donde, como pajarillos, nos refrescamos un poco. Las horas que son, las 9 de la mañana, y ya el calor aprieta y casi ahoga. Esto del cambio climático es el mayor eufemismo de toda la historia: es la catástrofe climática, sin duda.
Manteniendo la dirección este y dejando a la izquierda una pared de piedra que sirve de guía, la senda continúa unos quinientos metros hasta que encontramos, esta vez a la derecha, otro muro de piedra. Se nos atraviesa un veloz conejo (o liebre. Difícil decidir) por delante: algo casi inaudito en estos tiempos. El camino faldea por la solana del Cerro de los Castillejos y, tras descender, llega a un carril, el camino del Álamo, que tropieza con la carretera de La Mina frente a una nave del polígono industrial de Cala.
Hacemos entrada en este hermoso pueblo, donde nos esperan, además de la buena mesa, un hermoso Castillo (s. XIV, otro representante de la Banda Gallega), la Iglesia de santa María Magdalena (s. XV) y la Ermita de la Virgen de Cala (s. XV). Estamos en tierra de las y los caliches: así se les llama a quienes habitan este pueblo. La historia de Cala es similar a la de muchos pueblos que ya hemos conocido. 
Los primeros testimonios de poblamientos se sitúan en la Edad del Bronce. La peculiaridad de esta localidad es el gen minero que perduró hasta la Edad Moderna. De hecho, los orígenes de Cala están ligados a las extracciones mineras de cobre (Edad de Bronce, Romanos) y durante la Edad Media hay constancia documental de la existencia de hornos de vidrio en la villa, industria que se mantenía con gran pujanza en el siglo XVI. Sin embargo, el nombre actual se lo deben a los árabes: “qala” significa “castillo o fortaleza”. 
Durante la Reconquista Cala se halla en la frontera entre los territorios incorporados por los reinos de Portugal y León. Así, mientras que en 1230 Alfonso IX de León conquista Mérida y Badajoz, Alfonso III de Portugal se apodera de Aroche y Aracena en 1251. Fernando III El Santo se apoderó de la comarca de Cala de 1246 a 1248 y su hijo Alfonso X El Sabio adjudicó a Cala el estatus de villa realenga, bajo jurisdicción de la ciudad de Sevilla.
Al formarse la provincia de Huelva en la división administrativa de 1833, Cala deja de pertenecer a Sevilla y pasa a pertenecer a la actual provincia de Huelva, asignándose al Partido Judicial de Aracena.
Desde finales del siglo XIX Cala experimentó un resurgimiento de la actividad minera. Empresas mineras de capital alemán, inglés o bilbaíno extrajeron de nuevo cobre, hierro y oro, allí donde identificaron vestigios de las explotaciones romanas. Ya en el siglo XX ha sufrido el despoblamiento similar al de otros pueblos serranos.
Tras ver los retablos murales de la iglesia, vamos a la Ermita, ejemplo de transición del románico al gótico. Y de allí subimos para la obligada visita a la fortaleza y sus hermosas vistas. Cerca, vamos de cabeza al Bar El Mirador, donde nos ponemos como merecemos, y contemplando el paisaje desde lo alto, para conservarlo en nuestra memoria en toda su plenitud.

 

Cala- Santa Olalla de Cala

Días 23 y 24: Cala- Santa Olalla del Cala 14 km

Seguimos con el ritmo de los dos días anteriores: 7 km al día, para hacer el trayecto desde Cala hasta Santa Olalla del Cala. Alguno del grupo que estudió filología hispánica, puntualiza que Olalla es la evolución diacrónica de Eulalia.Y que santa Eulalia es la patrona de Almonaster la Real, y que entre estos pueblos se le rinde especial tributo. En definitiva, como en un azar mágico, cerramos el círculo con nuestro camino, y ponemos la guinda justo en el trayecto en que decidimos abandonar la provincia de Huelva por este espectacular pueblo: Santa Olalla.
El agua y las ruinas abandonadas forman parte del patrimonio de Cala y así lo comprobamos con las vistas que nos acompañan en este camino que empezamos. Salimos de Cala por la calle Repete y giramos a la izquierda hacia el camino del Silo. Desde allí avanzamos hacia el Arroyo de las Tres Encinas: seguimos su cauce hasta que más arriba lo cruzamos. El itinerario continúa por el antiguo camino que conduce de Cala a las Minas de Teuler, por la Cañada de la Mula, en dirección este. Un poco más adelante nos encontramos con otro arroyo, el Charco del Agua, que también atravesamos y remontamos durante unos metros. Una vez remontado el arroyo, giramos hacia el sur y pasamos junto a un cortijo, propiedad que pronto dejamos atrás para seguir la marcha junto a un muro de piedra que nos llevará a un manantial, donde nos refrescamos.
Seguimos el camino por la pista que conduce hasta las ruinas de las minas de Teuler atravesando un alcornocal de viejos ejemplares. Bordeamos la laguna que ha surgido en el socavón de la mina y proseguimos por el trazado de la vía de la que fue una de las estaciones de ferrocarril más importantes de la provincia y de la que hoy día se conservan algunas naves destruidas, tras su desmantelación. Continuamos por esta vía una hora y media hasta que alcanzamos la balsa de alpechín de un molino de aceite. Antes de alcanzar la estación dejamos a un lado la pista y tomamos un callejón a la izquierda. Cruzamos el Arroyo del Limón y dejamos a la izquierda el Castillo y la Iglesia para entrar en Santa Olalla del Cala por la calle Zurbarán. 
Santa Olalla, en plena Vía de La Plata y el Camino de Santiago, cuenta con un importante patrimonio. Al pasear por estas calles siempre miramos hacia el Castillo, seña de identidad del pueblo y declarado Bien de Interés Cultural en 1949. Ya hemos mencionado la presencia minera en Santa Olalla desde primera hora: de hecho, se han encontrado restos cerámicos que se datan en el siglo VII a.C., así como romanos (entonces se llamaba “Ponciana”: hoy provoca el gentilicio “poncianos”, junto a “olalleros” y “santaolalleros”), de época andalusí y de una importante comunidad judía (la historia de amor y odio de esta comunidad en la historia es digna de una lectura pormenorizada, e incluso de una investigación a la altura de tales vaivenes). La leyenda cuenta que santa Eulalia de Mérida nació aquí y luego fue quemada en Mérida, en el siglo III. Olalla es la evolución de Eulalia. Posteriormente se le añade el nombre de Cala, en honor al cercano río Cala, afluente del Odiel.
Como es domingo, el castillo está abierto y se permite su visita. Lo encontramos en el roquedo llamado “Cerro del Castillo”, y toda la villa está a sus pies, lo cual permite unas vistas impresionantes.  Nos damos cuenta desde primera hora, y no siempre con gusto estético, de que ha sido restaurado recientemente. La fortaleza presenta una planta irregular y alargada. Fue mandado construir por Sancho IV El Bravo, en el siglo XIII (siglo que como vemos se repite en la fundación de otros castillos de esta frontera sur con Portugal).
En la bajada al pueblo visitamos de pasada la coqueta iglesia de Nuestra Señora de la Asunción (siglo XIV), y nos dirigimos hacia el Restaurante Andalucía, donde previamente habíamos reservado mesa o macromesa para comer. Nos reciben con una tapa de migas con huevo de codorniz, gratitud de la casa. Los detalles son importantes. Luego nos dejamos llevar por las recomendaciones que nos llegan desde la cocina: la “cabraloca” es espectacular, y la presa ibérica a la brasa, en su punto. Homenaje a la altura de nuestra despedida andante de la provincia de Huelva.

Santa Olalla de Cala- El Real de la Jara


A petición de varios componentes de este grupo caminante, pasamos a entrar en la provincia de Sevilla, con el sano objetivo de pasar por los pueblos que las y los vieron nacer, o, simplemente son lugares que se llevan dentro del corazón, porque en muchas ocasiones, como dice la frase sacada de “La lozana andaluza”: “No donde naces, sino con quien paces”.
Dejamos pues Santa Olalla del Cala (Huelva) y nos dirigimos a El Real de la Jara (Sevilla). 14 km que repartimos en dos días de trasiego andador. Lo mejor de este sendero es que discurre por la ribera del río Rivera del Cala (especialmente en el ecuador de la etapa), cauce fluvial que hace de límite entre las provincias de Huelva y Sevilla. Al mismo tiempo, cambiamos del Parque Natural Sierra de Aracena y Picos de Aroche al Parque Natural Sierra Norte de Sevilla. El espacio natural se mantiene ciertamente al seguir caminando principalmente por ricas y frondosas dehesas, en estas tierras fronterizas repletas de castillos (al parecer el término dehesa procede de la palabra “defensa”, dado que el bosque aclarado permitía eludir posibles emboscadas por los atacantes).
La etapa comienza sobre un pequeño puente de piedra situado a la salida del pueblo por la carretera de Almadén de la Plata (HU-9116). Podremos llegar a este punto tomando la calle de Almadén que sale desde la carretera de la Ruta de la Plata (N-630) frente a una fábrica de embutidos y jamones situada en la entrada Sur del pueblo. Deberemos pasar bajo la Autovía Ruta de la Plata (A-66/E-803) y en la siguiente rotonda continuar dirección Almadén de la Plata. Aproximadamente a 100 metros encontraremos un carril a nuestra izquierda por el que deberemos avanzar. Este carril es conocido como “Camino de Almadén”.  Y nos conduce al conocido como “Valle del Muchacho”. Se llama así en honor a un joven que, junto a su burro, fue devorado por lobos en estas tierras. El trayecto continúa junto a un discreto arroyo estacional llamado Barranco Marín. Empiezan  a asomar algunas rocas a lo largo del camino. Estas rocas llamadas tonalitas configuran un paisaje granítico, que delatan la presencia de un gran afloramiento rocoso conocido como “Plutón de Santa Olalla del Cala”, estructura formada por la solidificación del magma procedente del fondo de la tierra. Seguramente, cuando había lobos, algunos de ellos vivirían en las oquedades de estas rocas.
En este punto debemos cruzar varias cancelas, que están debidamente señalizadas y que debemos cerrar después. Siguiendo el camino dejaremos al sur el monte de Los Cabezos. Y entramos en el paraje conocido como “El Berrocal”: un abierto paisaje de dehesa con pastizal, dominado en el horizonte por rocas angulosas que forman un auténtico cuchillar. Entre la arboleda aparecen rocas con formas redondeadas, conocidas como “berruecos”. Lugares como éste, donde aparecen gran cantidad de estas formaciones son denominados “berrocales”, de ahí el nombre de este paraje. Tienen su origen en la homogénea composición de la roca, cuando ésta se va descomponiendo, tiende de manera natural a dar formas esféricas o similares. 
Esta zona se enmarca (desde el punto de vista geológico) en el llamado “Macizo Hespérico”. Todas sus rocas están relacionadas con un proceso de compresión, origen de la formación del relieve, conocido como Orogenia Varisca, ocurrido hace 350 millones de años. Mezcladas con rocas muy antiguas (precámbrico), aparecen formaciones de materiales ígneos algo más jóvenes, originados por el enfriamiento y solidificación del magma (piedra fundida y gases del interior de la superficie, es el caso del Plutón de Santa Olalla. Las rocas por las que pasamos, las Tonalitas, pertenecen al período carbonífero, con una edad aproximada de 300 millones de años. Cuando se originaron, predominaban los bosques de helechos y aparecían los primeros reptiles sobre la tierra.
Discurrimos después por un camino que atraviesa varias balsas estacionales de agua, hasta dar a un antiguo molino donde decidimos parar: ya llevamos 4,5 km, y estamos en plena Rivera de Cala. Seguimos su curso por el margen izquierdo. Pasaremos junto al canal o cao que alimentaba con agua al molino que se ha dejado atrás, y a una zona donde el río se ensancha generando una laguna, hecha por mano humana. Siguiendo junto al río, se pasa junto a un merendero y zona con barbacoas, para luego encontrar un pequeño salto de agua. En este punto quizá debamos progresar unos metros por el arcén de la carretera que aparece a nuestra izquierda, hasta llegar al puente de la antigua carretera de Santa Olalla del Cala a El Real de la Jara. Desde lo alto de esta construcción puede disfrutarse de una panorámica espléndida de la ribera y del rico ecosistema que representa, corredores biológicos preciosos en el clima mediterráneo dominante. 
En el kilómetro 7 del itinerario, Puente Rivera de Cala, se ubica la frontera interprovincial y entre los Parques Naturales. Por la orilla de esta Rivera seguiremos caminando ahora por el Arroyo de La Víbora. Dejamos a nuestra izquierda la Rivera de Cala con una imponente visual de las minas de cielo abierto de Aguablanca, que se sitúan a su espalda. Este tramo marca el límite entre las Comunidades Autónomas de Andalucía y Extremadura. Al llegar frente a un cortijo, el de Rufinito, se ha de cruzar a la orilla contraria y continuar avanzando en la misma dirección. Después de recorrer 500 metros aproximadamente, continuaremos por una carretera asfaltada hacia la derecha, que nos enfila directamente al pueblo del Real de la Jara, al cual llegaremos por su calle “Camino de Aguablanca”. Seguiremos avanzando por el mismo carril hasta llegar a una pequeña subida en la que ya se irán viendo algunas naves del polígono “La Encina” situado a las afueras del Real y las primeras casas de la calle de Murillo. Lo primero que llama la atención en el pueblo es la abundancia de pequeñas, medianas y grandes estatuas que representan a animales propios de la zona. Es una zona rica en gurumelos, preciosa seta que ya ha aparecido en algunos de nuestros comentarios.

No paramos, pues seguimos la señalización hasta llegar a la calle donde comenzamos la subida hacia el Castillo o fortaleza, como ocurre en otros pueblos de la provincia de Huelva, ya superada. Son unos 500 metros de subida, pero tanto las vistas desde abajo como desde arriba, merecen la pena.
Otras visitas recomendables en este pueblo son el Museo Taxidermista de D. Rafael Díaz (que incluye también algunos restos arqueológicos del castillo); y el Museo de Ciencias Naturales. Así mismo, la Iglesia de san Bartolomé contiene un tesoro: el lienzo “Las ánimas” de Francisco de Zurbarán.
Nos vamos a comer al Mesón La Cochera, para degustar la rica comida casera que nos pondrá las pilas necesarias para seguir nuestra ruta, ya por localidades sevillanas.

Días 25 y 26: Santa Olalla del Cala- EL Real de la Jara. 14 km 

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Real de la Jara - Almadén de la Plata

Días 27 y 28: Real de la Jara – Almadén de la Plata (16,1 km). Camino de Santiago


El sendero que hoy y mañana caminaremos forma parte del antiguo Camino de Santiago, por lo que está señalizado correctamente y se accede a él por internet con relativa facilidad. No nos vamos a detener demasiado, por ello, en la descripción de este sendero, sino en la recreación del destino al que llegaremos, que para eso usaremos dos días y podremos gozar más de él.
El itinerario incluye, quizás, algunos de los tramos más rompepiernas que nos hemos encontrado, y hay tramos de continuos  bajadas y subidas que mantienen la exigencia del grupo. Pero, vaya, se hace relativamente bien.
Salimos desde la estación de Correos en Real de la Jara (dirección a Almadén señalizada) y, a las afueras del pueblo, seguimos una pista durante unos 4m kilómetros más o menos llanos. Pero pronto nos encontramos con una dehesa más escarpada, el punto más alto de la etapa, y seguimos, normalmente de bajada, durante unos 2 ó 3 km. Rozamos nuevamente la Rivera de Cala (límite interprovincial), y cruzamos, tras una subida, el Arroyo Mateos (en el punto 7,5 km). Seguimos y daremos con otro arroyo que cruzar: el arroyo de la Víbora (también mencionado ya). Ahora es el momento de atravesar pequeñas explotaciones ganaderas, con sus respectivas cancelas (unas 16), debidamente señalizadas. Estamos de lleno en el Parque Natural de la Sierra Norte de Sevilla. Finalmente, daremos con la plaza de toros de Almadén, que nos anuncia la llegada a nuestro destino.
Ya el pueblo anterior nos anunciaba la peculiar roca (El Berrocal: reserva natural) que abunda en estos terrenos. Almadén de la Plata tiene un paisaje similar. Es una zona con un vulcanismo antiguo muy importante por las rocas frailescas, nacido a partir de violentas erupciones volcánicas. 
Almadén tienes dos grandes yacimientos y tres magníficos miradores: Los Covachos (yacimiento neolítico y calcolítico, y antiguas canteras romanas. Declarado B.I.C.), La Bordalla (mirador en su cima), La Traviesa (yacimiento Íbero: necrópolis y poblado; y mirador y centro astronómico a la vez), y El Calvario (sus cruces en el Camino de Santiago de la Plata y en su cima el mirador).  Además, es un pueblo rodeado y atravesado por el agua. Lo rodean la rivera de Cala (con una zona recreativa de la Romería de la Divina Pastora), el Arroyo de la Cezadilla (con las cascadas de El Chorro), el Arroyo de Gargantafría (con  los rápidos de Palacios), el Arroyo de la Mojonera (con Las Hoyas), y el río Viar (con el embalse de Melonares). Lo atraviesa el agua que se manifiesta en múltiples fuentes: la de Santiago, la del Reloj, la de la Palmera, y, sobre todo, El Pilar. 
Al grupo le da tiempo a dar un paseo bastante completo por este pueblo que conserva un sabor antiguo. El topónimo actual deriva del árabe "al ma‘dín balat”, que significa "Las Minas de la Calzada", ya que posee potentes canteras de mármol, muy explotadas en la Antigüedad, y se hallaban estas junto a la calzada romana de Ayamonte a Mérida (vía Ab ostio fluminis Anae Emeritam usque). En época Andalusí, Almadén significaba "mina" (ma'din) y Plata significaba "camino" (derivado de balat), el topónimo Plata se obtuvo de la derivación de la “b” en “p” y la pérdida de la “a” cuando se trascribió al castellano. 
La riqueza mineral y rocosa sustenta la historia de Almadén: por aquí pasaron personas prehistóricas, íberas, tartessicas, fenicias, griegas, romanas, musulmanas, castellanas… En nuestro paseo, llegamos a las Plazas de la Constitución y la Plaza del Reloj, donde apreciamos sus principales monumentos: la renacentista iglesia de Santa María de Gracia, los restos de su castillo mudéjar (B.I.C. Similar a otros que forman la famosa Banda Gallega), y la Antigua Casa Consistorial y Torre del Reloj (antiguo Hospital de los Ángeles, de estilo neomudéjar. También B.I.C.). 
Al lado del mirador de La Bordalla nos metemos a comer, previa cita telefónica, en el Restaurante La Muralla. Cerca de aquí está también un necesario Centro de visitantes. La comida estaba buenísima y el trato fue excelente. La ensalada de asaduras estaba de lujo (ojo para quien padezca de triglicéridos altos). La brocheta de solomillo en su punto. Algunos se pidieron la hamburguesa de la casa y se sorprendieron. En el restaurante nos recomendaron hacer el sendero hacia la Cascada Grande Calzadillas. Prometemos hacerlo en otro momento, pero ahora nuestro destino nos llevará a Castilblanco de los Arroyos. Pero eso será a partir de mañana.

Almadén de la Plata- Castilblanco de los Arroyos


Estamos en senderos del Parque Natural Sierra Norte de Sevilla, que conforman tanto la Vía de la Plata, como el Camino de Santiago. Esto lo digo porque están relativamente bien señalizados, aunque a veces conviene usar el GPS del móvil para puntos concretos (de hecho hay que atravesar varias cancelas que pueden llevar a equívoco). Pero no nos vamos a detener tanto en la descripción de la caminata en su conjunto, como en puntos concretos de la misma que merecen pararnos y recrearnos en ellos. En definitiva, es una bella y dura caminata por la serranía andaluza, que comienza con una subida hacia el Cerro o Alto del Calvario atravesando una reserva natural (las vistas desde aquí son maravillosas), y luego sigue con un pesado tramo de carretera hasta el Parque Forestal de los Berrocales o del Berrocal. Y, finalmente, la llegada y estancia en Castilblanco de los Arroyos. El grupo tardó tres días en hacerla: de viernes a domingo. Un fin de semana bien aprovechado: y es que este grupo es magnífico.
El sendero desde Almadén hacia el Cerro o Alto está perfectamente señalizado, y vale la pena porque esconde una panorámica fabulosa de la Sierra Norte de Sevilla y la Sierra de Aracena y Picos de Aroche. Quien quiera conocer las impresionantes dehesas de Sierra Morena, aquí tiene una estupenda oportunidad. 
Todo nuestro recorrido transcurre por la Vereda de Castilblanco, una vía pecuaria que une Almadén de la Plata con Castilblanco de los Arroyos. Las vías pecuarias son un bien de dominio público, tan antiguas como el propio pastoreo, pero su protección, reglamentación y ordenación se remonta a la Edad Media. Con ellas se pretendía asegurar la trashumancia, es decir, el viaje del ganado en busca de pastos, desarrollándose así en Andalucía una red de más de 30.000 kilómetros. Seguimos ascendiendo la falda del cerro, pero antes de llegar al final del sendero, nos encontramos con unas rocas, donde los habitantes de Almadén han instalado una cruz que vigila impasible el pueblo, muestra de su marcado carácter religioso.
Al final de la Cuesta del Calvario nos encontramos un pozo que extraía agua de las galerías interiores de la montaña. Ésta era canalizada hasta una antigua fuente de varios caños que abastecía a los habitantes del pueblo. Coronamos los 645 metros del Cerro del Calvario, cuyo nombre procede de la palabra latina calvarium, que significa lugar alto sin árboles. Al llegar tenemos dos hermosas panorámicas. Hacia el norte, podemos ver el propio sendero que hemos recorrido, pero en este paisaje típico mediterráneo una mancha blanca se extiende: es una cantera de mármol. Hacia el sur el panorama es muy distinto, pudiendo verse una dehesa desde las alturas, aunque se nota los efectos recientes del fuego y la lenta repoblación de la zona.
Después del Calvario, nos esperan 9 km por una cómoda pista por el Parque Natural y 16 km por asfalto desde la salida del Parque Natural de los Berrocales. Antes de avanzar he de denunciar que la obligatoriedad  de ir por el asfalto se debe a que ya no es posible, por motivos particulares con tintes feudales, usar la histórica Vereda del Salto de la Trocha, un tramo en plena naturaleza del antiguo camino de la Plata. A ver si recuperan este camino para futuros caminantes. Por lo pronto, el último tramo de nuestra caminata es desgraciadamente el quemante asfalto, que nos lleva hasta la dehesa El Tinajar. 
Pero antes de ello hemos atravesado el Parque Natural de Los Berrocales, de 177.484 hectáreas. Siempre nos acompañarán los mojones y las flechas amarillas indicativas. El camino está formado por suaves sierras con dehesas de encinas y alcornoques, entremezclados con algunos cultivos y bosque mediterráneo, con castañares y robles melojos. Cuando transitemos por el parque quizás nos sorprenda en su cielo el surcar de alguna águila imperial ibérica. También son habituales las águilas reales y perdiceras, y otras aves en este caso carroñeras como el buitre negro y el leonado. Algo más difícil será ver a ciervos o jabalíes. Más adelante nos encontramos con un miliario moderno desde contemplamos las ruinas del antiguo poblado de El Berrocal. Después, en la casa forestal La Morilla disfrutamos de las vistas desde su balcón observatorio. En esta casa está un pilón y la “Fuente del Peregrino” (recordemos que transitamos por unos de los Caminos hacia Santiago, que cuenta con un albergue realmente bien acondicionado), pero nada indica que se pueda beber con seguridad. 
Cuando salimos del Parque Natural concluimos nuestra caminata por el amplio tramo de carretera ya mencionado, y llegamos, por fin, a Castilblanco de los Arroyos.
Su nombre, en el siglo XIV, aparece por primera vez documentado en Libro de monterías del rey Alfonso XI. Con el nombre de "Castriel Blanco". Esta denominación no volverá a aparecer posteriormente. El término Castil hace referencia a un castillo pequeño y blanco (hoy desaparecido) viene del germano blanch y haría referencia al color de dicho castillo. Existen otros topónimos de origen germano por la zona, como por ejemplo Burguillos, proveniente de burgs. Realmente, el pueblo tiene restos prehistóricos, pero coge especial relevancia en épocas romana y árabe (se llamaba “Castriello Blanco”). En el siglo XV floreció como zona de caza Real, algo que se está revalorizando hoy día (de hecho, es muy recomendable pedir jabato o ciervo para degustar en algunos de sus bares). En este sentido, el pueblo es nombrado por Cervantes en su novela ejemplar “Las dos doncellas”. 
Ya en el pueblo visitamos el antiguo Mesón del Agua, hoy centro de interpretación del patrimonio local. También en el Museo de la Casa de la Sierra vemos testimonios del laboreo habitual: el palmito, las fibras vegetales, las matanzas y las chacinas, y las colmenas de miel. Las empresas “Sierras andaluzas” y “Quesos Dehesa de Castilblanco” son visitables e ideales para compras y encargos. Este pueblo tiene también un pequeño Museo de arte contemporáneo con artistas locales, con sede en el moderno Teatro Miguel Fisac. Nos cuentan los más viejos del lugar que en la ladera del cerro Malena, por donde se desparrama el pueblo, se encontraban el castillo y la ermita, hoy perdidos. Nos planteamos comer algo, que ya va siendo hora, en este domingo víspera del paso andaluz a una nueva fase, cual crisálida tímida y curiosa a la vez.
Ya hemos mencionado que estamos en un pueblo interesante para degustar la gastronomía de la sierra, a base de carne de caza, chacina y buenas verduras. Los paisanos nos recomiendan, y así lo hacemos, que nos pidamos el salmorejo con conejo, alguna caldereta de carne, las migas (estamos a 25 grados y no apetecen) o alguna sopa local. Y nos piden que no olvidemos los buenos postres y dulces de la localidad: los pestiños, el piñonate, las tortas sobás (riquísimas) o con manteca, los gañotes o las rosas. En definitiva, que nos ponemos como el Quico. Gracias a esta práctica senderista compensamos las ganancias calóricas, así que, en cierta manera, tenemos bula grupal.

 

Días 29, 30 y 31: Almadén de la Plata – Castilblanco de los Arroyos (28,8 km) 

Castilblanco de los Arroyos - Guillena

Días 32 y 33: Castilblanco de los Arroyos- Guillena  18,2 km.

Seguimos en la Ruta de la Vía de la Plata y del Camino de Santiago. Al igual que en la etapa anterior, aunque aquella era más exigente que la que hoy comenzamos, nuestro sendero está muy bien señalizado, y forma parte de otra ruta mayor, conocida como “Ruta del Agua”. Por ello, vamos a describir a quienes nos siguen aquellos puntos clave en los que merece la pena detenerse.
Los puntos clave son (y esto lo escribimos cuando el toro ya está lejos): cerca de Castilblanco, las Urbanizaciones La Colina y San Benito Abad. Después destaca un Miliario (en la carretera C-433). Mucho más adelante, la zona conocida como Cortijo El Chaparral  (Portela). Seguiremos por una Vía Pecuaria hasta la Cañada Real de las Islas. Al comienzo de ésta nos percatamos pronto de la presencia cercana de un aeródromo y una escuela de ultraligeros (merece la pena echar un vistazo e incluso aprender algo). Tendremos después que realizar el Vado de la Rivera de Huelva (que en algunos tramos benditos  se hace Río). Y por fin Guillena, tras 18 km, el pueblo de nuestra compañera Marta. El recorrido tiene una clara tendencia descendente: venimos de la Sierra Norte y bajamos un poco, aunque siguen muy presentes las montañas mientras caminamos.
Igualmente, durante el recorrido pasamos por diferentes miradores donde disfrutamos de vistas potentes del pantano y de la sierra: Refugio de los Cazurros, Mirador de la Estación o Presa de Gergal (parada obligatoria), Mirador Cerro Romero, Mirador La Picota,... Y sitios donde reponer fuerzas, como La Cantina. La principal bajada es la del Embalse de Gergal, por el Cordel de los Toros hasta la Casa del Oreganal. 
Guillena en tiempos romanos era Acria. Su nombre lo toma en el siglo XIII, tras ser reconquistadas a los árabes. Perteneció al Ducado de Medinaceli hasta 1837. La riqueza principal de este gran pueblo siempre estuvo en el agua, y por ende en la agricultura y ganadería. No en vano destacan sus ríos, riveras y embalses: Riveras de Huelva y Cala, embalses de la Minilla y del Gergal, etc. Los domingos se celebra el Mercadillo de animales conocido como “La Nueva Alfalfa” y cuenta con una excelente escuela de equitación, propiedad del marido de nuestra querida Marta, Manuel Jesús Domínguez Campos. 
Como anécdota y sin ánimo de piques vecinales, hay que recordar también que Las Pajanosas es una  de las pedanías de Guillena más conocidas. Y como datos turísticos hay que mencionar, por un lado, el excelente campo de golf situado en la lujosa urbanización “Hato Verde”; y por otro, el parque zoológico Mundo Park, conocido por el vulgo como el zoo de Sevilla. El sector servicios es uno de los principales, si no el principal actualmente.
Una de las cosas que se nos quedan por visitar –pero prometemos volver- es, dentro de la Ruta del Agua y tomando dirección norte, acercarnos a los Lagos del Serrano (Pantano de Cala) y a la localidad del Ronquillo, pasando por el palacio de Parladé, una construcción que data del siglo XIX, pero que se inspira en un castillo medieval. Igualmente, iremos otro día a visitar el Cortijo (Hotel) de la Reina, en la pedanía Torre de la Reina.
Ya en Guillena Guillena, en la Plaza Francisco Sousa Valdivia, visitamos la Iglesia de origen mudéjar (s. XV),  con dos sencillas puertas y espadaña de estilo neoclásico. En su interior tres naves, separadas por arcos apuntado y ábside poligonal. El retablo mayor barroco está dedicado a su patrona, la Virgen de la Granada,  y al patrón San Sebastián. A la salida nos damos un paseo por el bonito pueblo, y nos sorprendemos de la cantidad de buenas tiendas, bares, y comercios en general. Aunque Marta nos acompaña y nos guía como buen Anfitrión, como ya es costumbre, preguntamos a los paisanos y las paisanas sobre qué comer y beber, y casi son unánimes el conejo en salsa y el salmorejo de conejo, en forma de guiso en cazuela de barro. A ello nos disponemos, pero a petición de nuestra amiga obviamos el nombre del bar donde los degustamos: para que no se nos enfaden los otros bares y restaurantes. Salud.

Guillena-Gerena

Días 34, 35 y 36: Guillena- Gerena  18,6 km

D
Seguimos deambulando por la ya mencionada Ruta del Agua, pero ampliamos su itinerario hacia Gerena. Salimos de Guillena por la Avenida del Gergal hacia el Parque del mismo nombre. Llegaremos a su presa y tomamos el camino que bordea su embalse, el embalse del Gergal. Seguimos por un eucaliptal y llegaremos hasta la parte trasera de un amplio aparcamiento, que pertenece a un punto de control de acceso a la Ruta del Agua. Seguimos por el camino tras el aparcamiento y llegamos al arroyo del Galapagar, el cual debemos cruzar. Seguiremos el panel indicativo de la Ruta del Agua, y subimos 500 metros para encontrarnos la intersección con la SE-187. Nos encontramos después con el campo de golf de la urbanización Hato Verde, el cual dejaremos a la derecha. Encararemos el paso subterráneo de la A-66 primero y la N-630 después. Y llegamos a dos puentes: uno por donde cruzaremos el Arroyo de la Encarnación, y otro por el que cruzaremos el Arroyo de las Torres. Desde estos puentes tendremos una amplia vista de la campiña sevillana con la capital en el horizonte y el contraste con el monte bajo a nuestra espalda. Subiremos hasta encontrarnos con un pequeño caserío por el que saldremos a la carretera. Esta nos lleva, gracias a la señalización siempre presente de la Ruta del Agua (unas aspas negras), hasta la Finca El Esparragal. Entramos entonces en un acebuchal adehesado que nos lleva hasta el puente sobre el Arroyo de La Zarza (esto nos recuerda la cercanía de la provincia de Huelva). Además de acebuches, vemos palmeras, palmitos (hiperprotegidos) y tomillos, que desprenden su agradable olor. El terreno se hace algo pedregoso. Y es que, en la bajada, nos encontramos en el entorno de una cantera o gravera que se ve al fondo. Salimos nuevamente a la carretera para llegar hasta la intersección de la A-477 con la Ruta del Agua que llevamos. Esta carretera nos lleva a las primeras casas de Gerena. Objetivo alcanzado.
El origen toponímico de este pueblo es sugerente a tope. Una leyenda lo relaciona con el rey pastor Gerión (cerca del s. IX a. C.), que vivía cerca de Eriteia (actual costa de Cádiz), en una cueva cercana al río Tartessos (tal vez el río Guadiamar que pasa cerca de Gerena). Otros estudios lo relacionan con Herennia, esposa de Trajano, quien le dedico este poblamiento. También hubo aquí una basílica paleocristiana dedicada a san Geroncio (se ve el lexema similar). Los árabes ya llamaban al pueblo Xerea, y en el s. XVI el término “Ierenna” se lee en una frase que aparece en su actual escudo: “Ierenna famosus prope (ciudad) hispalim locus (cerca de Sevilla)”. La aspiración de la H- inicial y el acortamiento del diptongo, habitual en otros muchos términos, hacen suponer que el origen romano es el más plausible (Herennia – Gerena). 
Esto se sustenta también en los amplios restos romanos que se han hallado, y en la cercanía de la importante Itálica. Gerena contó con un acueducto, con una necrópolis, termas, ninfeos, molinos romanos (el actual Molino Blanco se restauró en la Edad Media), una posterior basílica paleocristiana con baptisterio…  Incluso contó mucho después con minas de granito, con las que se realizaron muchas obras, como las columnas del templo romano que actualmente se encuentran en la Alameda de Hércules o las columnas de la catedral de Sevilla. Otro dato de la importancia de la romanización en este pueblo es que el actual y famoso cortijo El Esparragal fue una gran villa romana. Otro cortijo, el de La Pizana, es propiedad de la Casa de Alba. Hoy en día el complejo de Minas Las Cruces, que explota el cobre a cielo abierto y es visitable, junto con la agricultura y la ganadería (los toreros Campuzano son de aquí) son sus sustentos principales. 
Y ya en el pueblo nos ponemos en manos de nuestros fabulosos anfitriones: Pilar, Mariló y Gabriel. Nos llevan primero a la calle Goya 9, para ver los trajes de flamenco de Paco Álvarez. Después nos tomamos una cañita en el mesón La Bomba, donde está la exposición permanente de las esculturas de madera y bronce de Juan Fernández Mayo. En la plaza de la Constitución contemplamos el magnífico Ayuntamiento, de 1926. Subimos un cerro para visitar la Iglesia mudéjar de la Inmaculada Concepción (hay otras pero esta es la principal y más bonita), la Casa cortijo del Marqués de Albaserrada (s. XVII) y la Capilla de la Soledad. Bajamos luego y nos encontramos el Parque de la Fuente de los Caños, con restos romanos (termas y otras construcciones). Y, junto al arroyo de san Juan, unaa basílica tardorromana, de la época visigoda, la más antigua de Andalucía. Fue construida por Recaredo y sería destruida en el siglo VIII. Nos negamos a ir a los muchos cortijos que están en sus alrededores. Vaya, que nos negamos a ir a otro lado que no sea un bar.
Volvemos de nuevo al mesón La Bomba, donde probamos su mosto autóctono, y lo acompañamos con tapas variadas y riquísimas: unas collejas (plantas silvestres) revueltas con huevos, unas sopas de ajo y tomate, unos menudos con garbanzos… De lujo. Por último, nos acercamos al Horno El Canuto, en la calle Miguel de Cervantes 52, donde probamos algunos de sus nectarinos dulces: no veas cómo está el hojaldre.
En Gerena viven personas muy queridas por el grupo, y pasamos con ellos una jornada entrañable en alma y pensamiento. Nuestra compañera actual, Pilar Fernández, que actúa como inmejorable anfitrión. Dos compañeros que dejaron huella muy positiva en el centro: Mariló (eficaz y simpática profesora del Ciclo de Administración) y Gabriel (profesor de inglés, alguien que siempre sabe estar y sabe escuchar, con lo difícil que es eso). Ojalá sus caminos se crucen nuevamente con el IES Vázquez Díaz. También vive en este pueblo una importante representación de la familia de José Santana: su primo Roberto, su mujer, sus tres hijas y las amplias familias de sus dos cuñadas. Imaginad la cantidad de gente que sale a despedirnos con esa sonrisa llorosa que delata la felicidad compartida y la pena que produce su alejamiento.

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Gerena - Sanlúcar la Mayor


A estas alturas de este diario andariego, y sabiendo que en poco tiempo desharemos nuestro camino común para descansar de nuestras responsabilidades, es normal que salgan dudas sobre la ruta o las rutas que tomar. La idea es, como al principio, torcer el brazo del sedentarismo –cosa que ya hemos hecho con creces- y, hasta última hora, disfrutar de los derroteros que nos brinda esta bendita tierra nuestra, por el momento representada por Huelva y Sevilla. 
Pero esas dudas se despejan cuando uno de los motores y volantes de esta iniciativa, el mallorquín Joan, comenta: “De Gerena cogiendo para Aznalcollar pero sin llegar hay una vía verde que baja al sur, y que tiene zonas preciosas. Llega hasta Sanlúcar la Mayor, creo. Es una opción de continuar...”.  No es una opción, es la opción. Máxime cuando “bicheamos” un poco por internet y vemos lo que nos puede ofrecer esta ruta. 
Vamos a ello: emprendemos la marcha por el conocido como Corredor Verde del Guadiamar, un paisaje merecidamente protegido (realmente fue el primer Paisaje Protegido declarado en Andalucía). En concreto, estamos en el tramo medio del sendero señalizado de Guadiamar, y nos dirigimos hacia el tramo bajo: recordemos que salimos de Gerena en dirección a Aznalcóllar, pero torcemos hacia Sanlúcar la Mayor. El itinerario general discurre de norte a sur, sirviendo de nexo de unión entre los distintos municipios que forman parte de su entorno. Nuestro camino forma parte de una especie de pasillo ecológico que conecta Sierra Morena con Doñana.
Salimos de Gerena por la carretera hacia Aznalcóllar (la A 477), y a la altura del kilómetro 13 distinguimos a la izquierda la entrada de uso público del Corredor. Sabiendo que nos perdemos las cortas mineras y algunas dehesas de Aznalcóllar, cogemos esta entrada y nos disponemos a andar durante 15 kilómetros acompañados por el río y toda la riqueza natural que genera. 
Transcurridos unos 9 Km. del inicio, la cornisa del Aljarafe se une por la izquierda del río. Precisamente en este lugar se puede aproximar con cuidado a una antigua gravera, ocupada ahora por eneas, cañas y juncos, y que se ha convertido en una zona frecuentada por las aves. Aún hoy es posible descubrir la maquinaria abandonada de la explotación. Recordamos entre las y los componentes del grupo la gran catástrofe ambiental que supuso el vertido de las minas de Aznalcóllar. Hoy por hoy, afortunadamente, la naturaleza se ha adueñado y borrado ese penoso recuerdo, y el itinerario nos ofrece una amplia gama de paisajes y rincones preciosos y curiosos, que nos cuentan la historia de este río vital y fértil, el Guadiamar (río de príncipes, en árabe: Wadi-Amar).
El Guadiamar es el último gran afluente del Guadalquivir antes de su desembocadura y nace cerca del municipio del Castillo de las Guardas, en Sierra Morena. La variedad paisajística de este río es riquísima. En su nacimiento, entre encinas, se prepara para su camino hacia el Sur, que le hará conocer en los primeros pasos, zonas de monte mediterráneo y dehesas. Más adelante, se verá entre tierras de cereales y olivos cercanas a la cornisa de la Comarca del Aljarafe, para poco a poco, acercarse entre arenas y pinares, a las marismas de Doñana. Por ello, la agricultura que proporciona es también muy variada: frutales, huertas, olivares (en las tierras más altas), dehesas, alcornocales, etc.
Al llegar a la altura del llamado paso del Vicario se pueden distinguir los dos primeros pueblos de la comarca del Aljarafe desde el norte: Albaida del Aljarafe y Olivares. Pero el grupo sigue, ya que nuestro destino final será el puente de la Cuesta de las Doblas, en la N-431, a la altura de Sanlúcar la Mayor. Siguiendo la señalización oportuna, nos salimos del Corredor Verde del Guadiamar y nos dirigimos a Sanlúcar la Mayor, donde hacemos la oportuna parada y fonda.
No sabemos si el topónimo procede de Sanctus Locus (Santo Lugar) o de Sor Lucar (Ciudad del Sol). Otras localidades con este mismo nombre (Sanlúcar de Barrameda, Sanlúcar de Guadiana…) comparten sol y tesoros, ritos y religiosidad, así que tampoco nos ayudan a desentrañar el asunto. Lo que está claro es que procede de época romana, y este dato es muy importante para ser viajero antes que turista. Su casco histórico es Bien de Interés Cultural. En él encontramos el Conjunto histórico de las murallas Almohades, en ruinas cercanas a la cornisa, que datan del siglo XIII; junto a ellas  la Iglesia de San Pedro del Castillo, la más antigua de Sanlúcar,  y la plaza de igual nombre. Esta iglesia Data del siglo XIII y está construida sobre una antigua mezquita, se caracteriza por tener la torre alejada del templo, junto a un patio de naranjos, en la actualidad cerrada al culto. Su antiguo cementerio de origen árabe es único en toda Andalucía occidental, ya que no existe otro cementerio que se date de época musulmana que se encuentre tapiado.
Paseando llegamos después a la plaza Virgen de los Reyes, donde nos encontramos la polifacética parroquia de Santa María la Mayor, la más importante del pueblo. Es mudéjar del XIII (aunque se amplió en el XVI y XVII), con tres naves y una torre campanario barroca separada del resto. El estilo mudéjar se aprecia resplandeciente en sus hermosas puertas. 
El grupo, cansado, sediento y hambriento, como el espíritu la mayoría de los lunes, no piensa ya en otra cosa que en el condumio y el refrigerio, así que pedimos consejo a los y las paisanas. Nos recomiendan que probemos las cabrillas con jamón, la sopa de conejo y tomate (en otros pueblo cercanos la hacen similar), y la caldereta estilo Sanlúcar (los secretos atraen siempre). Ya que estamos por el centro, nos metemos en la Plaza de san Pedro en el bar “Esencia´s tapas”, aunque esa “s” al lado de “tapas” pega como a un guarro unos tirantes; pero vaya, la comida es muy buena. Lo que más nos sorprende, sin pensarlo, es el excelente pan (la regañá es buenísima), y el postre, con la poleá por bandera.
Durante la charla alimenticia nos enteramos de que cerca de aquí está la planta solar de Abengoa, al norte de la ciudad, por la carretera de Gerena, la más importante a nivel mundial, que atrae  turismo tecnológico. Se está iniciando la creación de una zona de innovación empresarial dedicada a la producción de actividades industriales que tendrán que ver con el sector de las energías renovables. Estos datos los anotamos en nuestro diario de a pie, por si algún día planeamos hacer una actividad extraescolar con nuestro alumnado interesado en las ciencias y en las nuevas tecnologías. Volver es siempre una posibilidad.

Días 37, 38 y 39: Gerena – Sanlúcar la Mayor 18,6 km

De Sanlúcar la Mayor a Aznalcóllar


Entre las conversaciones que tenemos cuando compartimos el camino, un tema se hace cada vez más recurrente: el fin de curso en junio nos obliga a plantearnos cerrar, la próxima semana, las rutas y el diario de a pie asociado a ellas. Vaya, que debemos irnos acercando a nuestro entorno laboral –el IES Vázquez Díaz de Nerva- para, ¿quién lo sabe?, apretar el botón del stop o al menos el del pause.
Durante la comida en Sanlúcar nos surgió la duda de por qué camino volver. Y uno de los paisanos que nos escuchó nos remitió a un libro para aclarar posibles recorridos. Es el Diccionario Geográfico-Estadístico-Histórico de Pascual Madoz (1845-1850), que recoge sobre río Guadiamar lo siguiente:
“El río de Sanlúcar o Guadiamar, nace al norte de las sierras de Puerto Alto a una y media legua al oeste de la villa del Castillo de las Guardas en la provincia de Sevilla, atraviesa el término de aquella pasando cerca de la población y en su curso norte sur baña las jurisdicciones de Aznalcóllar, Sanlúcar la Mayor, Benacazón y Aznalcázar, desembocando en el río Guadalquivir por el sitio llamado Caña de las Nueve Suertes.”
Es decir, que podemos seguir el sendero contrario a su marcha. En vez de ir hacia su muerte vamos hacia su nacimiento. Por ello, decidimos en primer lugar hacer el camino desde Sanlúcar la Mayor hasta Aznalcóllar (unos 15 kilómetros de sendero, más 2 de visitas a lugares interesantes). Usaremos dos días en su recorrido. Después de Aznalcóllar nos plantearemos acercarnos hasta El Castillo de las Guardas. Pero eso será a partir del jueves.
Salimos desde el centro histórico de Sanlúcar. Seguimos por la cuesta de las Doblas, hasta llegar a su aparcamiento. Esto nos sitúa de nuevo en el entorno del río Guadiamar. Pero no seguimos exactamente por el señalizado Corredor Verde, sino que cogemos un pequeño desvío hacia el río Agrio (afluente del Guadiamar. Este río también lo volveremos a ver hacia El Castillo de las Guardas). Después de seguir este río durante dos kilómetros, lo cruzaremos para pasar por la mina de Aznalcóllar, y terminaremos en este pueblo, que vio nacer a José Domínguez Muñoz, alias El Cabrero. Bordeando la antigua zona minera de Aznalcóllar nos encontramos con el Arroyo de los Frailes. Es uno de los terrenos menos transformados de este espacio natural, ya que no sufrió las consecuencias del vertido tóxico de la balsa minera. Nos desviamos un poco de nuestro recorrido para ver los restos del Acueducto Romano que comunicaba con Itálica, a la salida del Corredor Verde debidamente señalizado. Este sendero nos lleva finalmente a la entrada del pueblo de Aznalcóllar.
Los celtas y los romanos dejaron restos en este pueblo, que tomó el nombre del árabe Hanz-Al-Kollar (recinto amurallado). La minería le ha dado mucho en el pasado, aunque el desastre ecológico de 1998 marcó una pausa casi total de esta actividad. Hoy por hoy, aparte de la agricultura y la ganadería, es muy interesante su carácter turístico, de aventura y deportivo (kayac, ciclismo de carretera…), gracias a su situación en las faldas de Sierra Morena, sus ríos y sus pantanos. 
Pese a que venimos con cansancio, es de visita obligada subir al cerro del Castillo, al norte de la población, junto al Cementerio,  restos de una fortificación islámica de época medieval. Desde este cerro se divisa hacia el sur, el Aljarafe y la campiña, donde se sitúa el torreón de la Dehesilla y hacia el norte, se domina el curso del río Agrio, con el contraembalse y la sierra. Bajamos luego al centro del pueblo para llegar a la Plaza Fuente Clara, donde destaca la Iglesia de Nuestra Señora de Consolación. Domina la población con su torre campanario del siglo XVIII, destruida en la guerra civil, con un interior amplio, y con decoración moderna al estilo neoclásico.
Aunque no tiene su lugar de residencia aquí, algunos componentes del grupo comentan que en este pueblo, Aznalcóllar, nació el gran cantaor flamenco El Cabrero. Un artista comprometido, rebelde y reivindicativo. Ha abierto caminos y ha mantenido y actualizado palos flamencos que se han hecho muy populares. Con un cuidado especial en las letras, muchas ellas por él mismo, que suelen encerrar un mensaje potente: de acción política o de conducta vital, de reflexión filosófica e incluso de humor irreverente. José Domínguez Muñoz también ha hecho versiones de letras de autores clásicos, españoles y argentinos (tiene especial predilección por el gran Jorge Luis Borges), y ha tocado palos ajenos al flamenco como el tango, para lo cual grabó la joya “Tango al sur”. Su semilla contestataria ha fructificado igualmente en el quehacer musical de su hijo Emiliano Domínguez Zapata. Sería muy interesante indagar las raíces vitales (con sus luces y sus sombras) de este cantaor ya retirado y que tanto ha dado a la cultura popular, pero no tenemos tiempo para mucho.  
En estos pensamientos y conversaciones estamos, ya casi en puertas de la entrada del estío, cuando nos planteamos picar algo, y en este pueblo bares no faltan. De las recomendaciones de los pobladores, las migas con ajos la verdad que son demasiado pesadas para esta calor, pero pedimos algunas tapas de caldereta con carnes de caza y buscamos en algunos bares si tienen en la carta los espárragos trigueros. Para la sobremesa, Aznalcóllar es un pueblo muy dulce, que ofrece rica miel (también para comprar) y los dulces asociados a ella (torrijas, pestiños, el delicioso piñonate, las garrapiñadas…); pero por informaciones autóctonas buscamos y encontramos los llamados “engañamaridos”, una masa frita con vino y rociada de azúcar. Con el buche lleno y el gaznate refrigerado estamos mejor preparados y preparadas para acercarnos poco a poco al pueblo fronterizo de El Castillo de las Guardas, que, aunque pertenece a Sevilla, está a un paso de nuestra añorada Nerva. Mañana partiremos hacia allí.

Días 40 y 41: De Sanlúcar la Mayor a Aznalcóllar

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De Aznalcóllar a El Castillo de las Guardas

Días 42, 43, 44 y 45: De Aznalcóllar hasta El Castillo de las Guardas 

Durante los cuatro días que usaremos para llegar hasta El Castillo de las Guardas asistiremos al cambio de estación: pasaremos de una primavera robada y triste a un verano tan caluroso como esperanzador. O al menos eso queremos creer. El ser humano tiene mecanismos mentales que le sirven como castillos defensivos (como el pueblo hacia donde vamos), a veces no suficientes, contra la realidad y aquello que la mina (nos dirigimos hacia la zona minera por excelencia). La esperanza es el horizonte que siempre queremos tener delante. Y a veces, como ahora, se da la casualidad nominal, como si los astros se alinearan para mostrarnos las pistas que la eterna rueda de la Fortuna nos deja sobre el sentido de su órbita. 
Desde Aznalcóllar transitaremos sobre todo por la carretera vieja que lleva a nuestro destino. Unos treinta y pocos kilómetros que haremos, según la media que llevamos, en cuatro días, de jueves a domingo. Haremos algunas desviaciones para acercarnos a dos o tres puntos que merecen ser apreciados, aunque siempre estaremos acompañados por la naturaleza, por unos paisajes que se nos van haciendo cada vez más familiares.
Esos puntos de desviación son, por orden de encuentro y merecimiento, el Embalse de río Agrio o Pantano de Aznalcóllar, en el kilómetro 1,5 desde la salida de la ruta. En el Embalse se produce la confluencia del río Agrio, que prácticamente veremos desde la carretera durante todo el recorrido, y el arroyo Cañaveroso. Otra desviación breve la hacemos para contemplar el barranco de la Sebastiana desde la cima del Monte Madroñalejo. Cerca también hacemos una pequeña parada en las ruinas de la Casa Forestal de las Cañadas, y disfrutamos de otras vistas paisajísticas estupendas. Un poco después hacemos otra parada en la zona forestal del Torviscal, de fácil acceso, con merenderos situados en la zona del contra-embalse.
El Río Agrio o Crispinejo, bonito afluente del Guadiamar que discurre por espectaculares paisajes de Sierra Morena entre las localidades del Castillo de las Guardas y Aznalcóllar, es un río muy pobre en vida acuática; ello es debido a la cercanía de las minas del Castillo de las Guardas, lo que hace que sus aguas bajen con cierto nivel tóxico y un característico tono turquesa. Este río muere en el curso del Guadiamar a la altura de Olivares. Desde el pantano de Aznalcóllar, o Embalse del Agrio, y en dirección al Castillo, vamos en contrasentido a su marcha, por lo que los apreciamos cada vez con más fuerza, y se aprecian incluso pequeñas lagunas y cascadas entre rocas y valles profundos y estrechos. El nacimiento de este río se produce cerca de la aldea de El Peralejo (perteneciente al Castillo de las Guardas, en dirección a Nerva, a la altura de una Reserva Natural muy conocida), en el paraje de Las Herrerías; y sirve de límite entre tres pueblos: El Castillo de las Guardas, El Madroño y Aznalcóllar. 
Los paisajes que transitamos son excelentes zonas de cacería, tan antiguos como históricos. Una prueba de ello es su citación en el Libro de las Monterías  del rey Alfonso XI (1ª mitad del s. XIV), que recoge lo siguiente:
“El arroyo del Crespín es buen monte de oso, et de puerco en ivierno. Et son las vocerías por cima de la cumbre del un cabo, et del otro. Et son las armadas al arroyo del Crespín en la boca del valle.”
José Antonio Valverde, en su libro de Anotaciones al Libro de las Monterías, aclara: “El río Crespín es el río Crispinejo (antes Crespinejo), al oeste de El Castillo de las Guardas, afluente por la derecha del Guadiamar, que se une al Arroyo Cañaveroso en Aznalcóllar”.
Las rutas por el entorno del Guadiamar, como estamos comprobando, son riquísimas, variadas y divertidas. Las rutas se agrupan en torno a las tres unidades naturales por las que discurre el río: el tramo alto de Sierra Morena en el que estamos ahora, que se agrupan por tres ejes fluviales de cabecera (Guadiamar, Crispinejo y Cañaveroso); el tramo medio de campiña del que venimos en jornadas anteriores (Corredor Verde del Guadiamar); y el tramo inferior de marismas que engarza con el Parque de Doñana (este se nos ha quedado en la sala de espera).
Pero no todo lo que ven nuestros ojos es riqueza paisajística. Desgraciadamente abundan también las amplias zonas intermedias de repoblación por mor de los numerosos incendios. Los pinos piñoneros y flandes han sustituido en muchas ocasiones a las encinas y los alcornoques originales. Y cada vez quedan menos especies autóctonas como los quejigos, el casi extinto quejigo moruno, los madroños, los sauces, los alisos y los fresnos, etc. Hay esperanzas en la cada vez mayo labor apicultura en la zona: el brezo, las jaras, las coscojas, el magnífico helecho real, las clavellinas y los durillos atraen a muchas abejas que efectúan su esencial labor polinizadora. El Cerro de los Pájaros, el Barranco de la Mina, la casa forestal de Las Cañadas, la casa de Doña Austria, el arroyo Cañaveroso… son nombres que se nos quedan grabados al pasar por ellos. No hemos tenido la suerte, a excepción de algunos pajarillos, de cruzarnos con algunos ejemplares de la fauna de la zona, pero seguro que ahí estarán aguardando a que pasemos para acudir a algunas de las pantanetas que divisamos desde la carretera hacia El Castillo de las Guardas.
Y llegamos a ese Castillo que nos defiende. Y el cansancio va haciendo mella, pero seguimos luchando contra calificaciones, informes, consejos orientadores, competencias y criterios. Enemigos gigantes aunque con pies de barro, no lo olvidemos. Y en El Castillo descansamos y soñamos con que la nueva normalidad no sea muy distinta a la antigua: con sus defectos y sus virtudes, pero libre de amenazas. Mañana lunes partiremos hacia la Peña de Hierro, en Nerva. Para celebrarlo, y para completar nuestra visita, subimos hasta los escasos restos del Castillo que le da nombre a este pueblo. Desde allí nos recreamos en unas hermosas vistas de la Iglesia de san Juan Bautista, de las casas blancas esparcidas en la pendiente, de la plaza de toros, y de las trece aldeas que pertenecen a esta Villa: La Alcornocosa, el Alisar, Archidona, Arroyo de la Plata, la Aulaga, las Cañadillas, el Cañuelo, las Cortecillas, Minas del Castillo de las Guardas, el Pedrosillo, el Peralejo, Peroamigo y Valdeflores. Después, en la Plaza del Llano visitamos por fuera el Ayuntamiento, y por dentro la mencionada iglesia. Bajamos hasta el bar El Mesón y el bar Juani (dueña de ambos establecimientos) donde reponemos fuerzas con tapas caseras de toda la vida. Después recordamos que hoy es domingo con unas copas, cócteles y batidos en el excelente pub Al Muniat. Brindamos con ánimo por la cercanía de la llegada: la llegada es el descanso y el verano, ya presente, es la mejor estación para descansar.

Del Castillo de las Guardas hasta la Peña del Hierro (Nerva)

Días 46,47, 48 y 49

Y partimos hacia Nerva, con la idea de llegar antes del viernes 26, cuando, cual hologramas cansados, asistiremos al claustro final al que se nos convoca. Desde El Castillo de las Guardas salimos por carriles que nos llevan hasta la antigua vía del tren. El recorrido nos llevará a pasar cerca de la Reserva Natural y cerca de las Minas del Castillo de las Guardas. Atravesaremos puentes romanos, túneles y estaciones. En definitiva, unos 26 kilómetros que nos llevan hasta un paisaje tan marciano como cercano: Peña de Hierro.
A principios del siglo XX la explotación de la faja pirítica llevó a cabo su revolución industrial y económica en El Castillo de las Guardas. Transformó el interior de la tierra y modificó su superficie para construir líneas de ferrocarril para transportar el mineral. El tren recorría El Castillo de las Guardas, desde un extremo a otro, comunicándolo con la provincia de Huelva por el oeste y enlazándolo con El Ronquillo hasta San Juan de Aznalfarache por el este y el sur. El trazado lo componían dos líneas independientes pero complementarias, con una extensión en el término municipal de 26,6 kilómetros. Era un tren de vía estrecha, de poco más de un metro de ancho, para el que primero se construyó el ramal para unir Peña del Hierro al ferrocarril de Cala –y dar salida al mineral por Riotinto y Huelva–. Posteriormente se le agregó la conexión con Minas del Castillo hasta El Ronquillo, enlazando con el ferrocarril hasta San Juan de Aznalfarache. Ante la complicada orografía fue necesario construir puentes, viaductos, túneles y trincheras, así como sus correspondientes apeaderos, talleres y cocheras. Al uso industrial se añadió más tarde una concesión para el transporte de viajeros.
En los años 60 del siglo XX, con el cese de la actividad minera y la extinción anticipada de la concesión, el trazado, despojado de las vías, permaneció abierto y sin uso entre unos parajes de gran belleza y riqueza ambiental. Jalonado de edificios, que hoy día son fantasmas, pero que evocan una esplendorosa arquitectura. El ayuntamiento castillero, también con la concesión del terreno para la Reserva Natural por el que el camino ferroviario pasa en un trecho, creó una Vía Verde para fomentar el turismo activo: el ocio de naturaleza y deporte. 
Por aquí transitamos hasta nuestro destino nervense. Comienza la ruta subiendo por la carretera del Pedrosillo y al llegar al alto, comenzamos un sendero que nos llevará al embalse situado a los pies de La Reserva. Pasamos después por delante de la Mina Admirable, estación y poblado minero del Castillo de las Guardas. La Vía Verde de El Castillo de las Guardas aúna tres entornos naturales distintos –dehesa, sierra y paisaje minero– a través de una ruta prácticamente sin desniveles, puesto que el ferrocarril necesitaba de recorridos llanos. De aquellos restos mineros mantiene, en buen estado de conservación, tres túneles, dos de ellos con bóvedas de ladrillo y otro excavado en la propia roca; tres puentes monumentales, uno de ellos en el interior de la reserva, por cuyas instalaciones como ya hemos dicho discurre un tramo. Los restos de Villa Emilia, un cortijo obra de Aníbal González con su propia plaza de toros, se ubica junto a la vía. Y los pequeños núcleos rurales de las pedanías, como El Peralejo, La Aulaga o las Minas del Castillo, donde incluso existe una pequeña iglesia.
De los 26 km que tenía el ramal ferroviario por el que andamos, unos 12 discurrían por la provincia de Huelva y el resto por la de Sevilla. No fue una obra sin importancia ya que en el recorrido tenía que salvar un total de 23 cursos de agua, siendo los principales la Rivera del Jarrama y los Arroyos Crispinejo y Agrio (que ya hemos conocido en nuestra ruta hacia El Castillo). Era atravesada por la carretera entre Nerva y La Granada de Riotinto y hubieron de construirse 2 túneles, ambos en la provincia de Sevilla: el primero (túnel del Jarrama) , más pequeño, inmediatamente después del puente del Jarrama, de 55 m de largo por 3.7 m de ancho y 4.2 m de alto, con bóveda de ladrillo y paredes de 2.35 m de altura, de mampostería de piedra, en el Km 12,475; y el segundo (túnel de la Aulaga), el mayor, cercano a La Aulaga, de 210 m, en el Km 6,174, con pendiente en declive hacia Peña del Hierro, algo antes de la Mina de San José, próximo al cruce de la línea con la carretera a Castillo de las Guardas. Muy cercanas al trazado del ferrocarril estaban la Mina Pepito, ésta a su vez próxima al cruce con la carretera de Nerva a La Granada de Riotinto y, en el Km 8, se localizaba la Mina de Peñas Altas, ambas de manganeso. 
A finales de la década de los cuarenta dejó de funcionar el ferrocarril de Peña del Hierro, siendo desde entonces trasladado el mineral por camiones a sus puntos de embarque. La vía que llevamos, en toda su extensión, atraviesa los cursos del Jarrama, Crispinejo y Agrio. Estos dos últimos están situados en la provincia de Sevilla como ya sabemos, y eran salvados gracias a sendos puentes con una estructura común, de mampostería de piedra, con pilas troncopiramidales, siendo sus cantos labrados también en piedra. Dotados de arcos de medio punto de hormigón y estribos aligerados en los pilares más altos, poseen una esbelta apariencia, destacando, por su altura y lo abrupto del paraje, el de la Rivera de Jarrama. El puente minero del Jarrama, junto con la presa de Nerva, se consideran los límites provinciales entre Huelva y Sevilla. Este puente tiene una longitud de 156 m en el tablero, que es de 4.4 m de anchura y una altura de 33.3 m sobre el nivel de estiaje. Consta de 8 arcos de desigual luz, bien visibles desde el talud de la ribera izquierda, mirando desde aguas abajo. Los pilares centrales tienen un pequeño recrecimiento que los refuerza y en uno de ellos ha crecido una pequeña higuera silvestre que amenaza su conservación. Aún son visibles los restos de las cimbras que sostuvieron los arcos de hormigón de medio punto. Es un  puente sin barandas y estrecho que no todo el mundo es capaz de cruzar.
Tras este impresionante puente entramos en la provincia de Huelva y ya nos sentimos más cerca del fin de nuestra marcha. Tras unos pocos kilómetros de marcha calurosa pasamos por ruinosos edificios y estaciones mineras y el cartel que bifurca la Vía Verde y la indicación de Peña de Hierro (hoy convertido en el Parque Minero Peña del Hierro. El antiguo poblado de Peña del Hierro comenzaría a ser construido hacia 1853 cuando se inició la explotación minera. Sin embargo, no sería de relevancia ya que no figura en los censos de esos años, y ello posiblemente porque su población no sería significativa por el escaso desarrollo que la mina tuvo hasta 1882 y por la proximidad tanto de Riotinto como Nerva. Sin embargo, en 1888, estando la mina explotada por "The Peninsular Copper Co. Ltd.", el censo indicaba la presencia de 1.161 habitantes, que en 1900, a la venta de la mina por esta compañía, bajó a 150 habitantes. La propietaria siguiente, "The Peña Copper Mines Co. Ltd.", lo fue hasta el cierre de la mina en 1955, signo que indica que la explotación le fue bien durante estas cinco décadas. La empresa inglesa fue la que dio su forma definitiva al poblado, aunque nunca llegará a superar en habitantes la cifra de 1.161 alcanzada en 1888. El poblado llegó a poseer 15 grupos de viviendas. Pero como suele ocurrir en las Minas, llegó un despoblamiento masivo desde diciembre de 1966. En 1984 el último de los vecinos abandonó la Villa. Actualmente el grado de destrucción de las viviendas es tal que uno de los edificios más significativos, como era la Casa de Dirección es prácticamente imposible reconocer, siendo igualmente difícil localizar los talleres, la iglesia u otros edificios relevantes. 
Afortunadamente, en otoño de 2001, por parte de varias administraciones (Ministerio de Trabajo y Asuntos Sociales, Junta de Andalucía, Diputación Provincial de Huelva, Instituto Nacional de Empleo y el Fondo Social Europeo) se iniciaron unas obras de restauración y adecentamiento en los terrenos aledaños a la salida de la galería principal, procedente de la corta, con fines turísticos y de promoción del patrimonio minero. Destacan en esa restauración, por un lado, el Malacate del Pozo Maestro y, por supuesto, la Corta Minera de Peña del Hierro. Esta tiene una profundidad de 85 metros (cota del agua) y una altura máxima de 330 metros aproximadamente. Pero lo que no se puede medir ni describir con dígitos y apenas con palabras es el colorido de esta Corta y del entorno en el que se ubica. Solo queda venir a visitarla para descubrirlo, en soledad o guiados por la oficina turística del Parque Minero de Riotinto. 
El grupo, tras disfrutar enormemente de esta última ruta y de su proteico término, antes de las vacaciones estivales, emprende la bajada hasta el pueblo de Nerva, para descansar antes del claustro de mañana. ¿Qué nos queda? A la corta, poco. Mañana: despedidas, llantos, codazos (en el sentido covidiano del término) y brindis por los seguros o los posibles reencuentros. A la larga, nos queda toda la vida por delante. Cuando una ruta termina, otra se vislumbra en el horizonte. Fue un placer para todo el grupo caminar en comunión y esfuerzo, y compartir con ustedes el camino andado. Pues como se dice en el Romance del Conde Arnaldos: “Yo no digo mi canción // sino a quien conmigo va”.

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